En un despliegue brillante de "eficiencia" y "tacto", las autoridades han demostrado una vez más que la empatía es un trámite burocrático que prefieren saltarse olímpicamente. El pasado viernes 1 de mayo, la apacible comunidad de Mesillas, en Tepezalá, amaneció con un macabro regalo de la delincuencia: siete cadáveres apilados en una calle privada, con evidentes huellas de violencia y asesinados a balazos. Y ante semejante escena, ¿cuál fue la máxima prioridad de nuestros ilustres gobernantes? Jugar a la papa caliente, convertirse en geógrafos forenses y apresurarse a gritar que las víctimas procedían de Zacatecas para deslindarse de la tragedia. ¡Claro, lo verdaderamente imperdonable para el estado no es que avienten cuerpos humanos como si fueran bolsas de basura, sino que alguien vaya a pensar que arruinan la preciosa estadística local de homicidios!.
Mientras las autoridades se enfrascaban en su patética disputa territorial sobre si a las víctimas "las mataron en Aguascalientes o en Zacatecas y los vinieron a tirar", los colectivos de búsqueda locales tuvieron que salir a rogar por algo que debería ser sentido común: que se les incluya en los procesos de identificación. Gloria Montoya Hernández, vocera del Colectivo Buscando Personas, Verdad y Justicia, tuvo la tremenda "osadía" de recordarles a los funcionarios que un cuerpo se puede identificar rápidamente con una simple huella dactilar. Pero al parecer, esa tecnología y lógica básica escapan de las capacidades de nuestro gobierno.
Resulta un chiste cruel que, sabiendo que con unas huellas podrían dar respuestas inmediatas, las autoridades decidan mantener a las familias en la oscuridad total. Montoya Hernández señaló la falta absoluta de comunicación y exigió que las autoridades se dignen a informar a quienes sostienen una ficha de búsqueda. Sin embargo, pedirles que hagan su trabajo y crucen datos con las madres buscadoras parece ser un insulto para su burocracia. A pesar de que casi todos los cuerpos ya fueron reconocidos por autoridades zacatecanas, el gobierno local ha evitado tener el más mínimo acercamiento o diálogo con las familias buscadoras de Aguascalientes. ¿Para qué molestarse en darles un trato digno e informarles, si es mucho más fácil ignorarlas y dejarlas con la angustia?.
Así que, brindemos por nuestras indolentes autoridades. En un México que ya se encuentra en "condiciones horribles de inseguridad", donde las desapariciones van en aumento y dejar cuerpos apilados es el deporte regional, nuestros funcionarios han perfeccionado la técnica magistral de lavarse las manos. Han demostrado que su verdadero talento no es brindar seguridad ni justicia, sino cerrarles la puerta en la cara a las madres que terminan haciendo el trabajo forense y de investigación que a ellos les queda gigante. ¡Un aplauso de pie para su infinita incompetencia y su nula calidad humana!
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