En un mundo moderno donde los jueces federales se dedican a la "extraña" costumbre de cancelar corridas de toros, como sucedió tristemente en Querétaro apenas el pasado 30 de enero, ha surgido una heroína inesperada para recordarnos lo que verdaderamente importa: las tradiciones.
Ni hablar. Nos referimos, por supuesto, a Tere Jiménez, la gobernadora de Aguascalientes, quien con una valentía digna de un torero frente a un astado (o de un político frente a una encuesta de popularidad), ha decidido recomendarle a su homólogo de Querétaro, Mauricio Kuri, que por favor no deje morir la fiesta.
Mientras el resto del mundo debate sobre derechos animales, la gobernadora sostiene que la solución para Querétaro es simple: ¡Copien a Aguascalientes!. Específicamente, sugiere replicar el movimiento "Vive Libre", una iniciativa cuyo nombre irónicamente se utiliza para asegurar que la tauromaquia no se extinga y nadie atente contra su continuidad. Porque, ¿qué es la libertad si no la libertad de mantener las cosas exactamente como estaban hace siglos?
Con una lógica aplastante, Jiménez nos recuerda que en su tierra la tauromaquia fue nombrada Patrimonio Cultural de forma unánime por el congreso local. ¡Unánime! Al parecer, en Aguascalientes no hay disidentes, solo amantes del arte y de la Feria Nacional de San Marcos.
Acá en la redacción también tenemos los arrestos para señalar cuando se hacen o se dicen cosas bien, así que un aplauso para la gobernadora por atreverse a decir lo que casi nadie se atreve ya: que las tradiciones deben cuidarse, sin importar lo que diga un juez federal o el cambio de los tiempos. ¡Ole!
