El fotógrafo Carlos Contreras de Oteyza cometió hace tres años el terrible y trágico error de confiar en la eficiencia de las instituciones culturales de nuestro estado. En un acto de fe difícil de entender, donó el trabajo de toda su vida —más de 500,000 instantáneas que abarcan 50 años de carrera— al Instituto Cultural de Aguascalientes (ICA).
¿La promesa de las autoridades? Un despliegue de buenas intenciones: catalogar, clasificar, digitalizar y crear un catálogo virtual para que el mundo entero pudiera admirar su obra. Su acervo no es cualquier cosa; incluye la icónica serie ochentera 'El Circo de Bibis', proyectos con grandes pintores como Manuel Felguérez, Juan Soriano y Rodolfo Morales, y registros invaluables del pueblo Cora y las tradiciones de Chiapas.
Pero, ¡oh, sorpresa! Las autoridades del ICA resultaron ser unas maestras del ilusionismo burocrático. El señor Alejandro Vázquez Zúñiga, actual titular del ICA, y su equipo firmaron gustosos un contrato para llevarse 51 cajas con fotografías, 17 cajones con fotos y obra artística, unos 500 discos compactos y hasta 140 cámaras y lentes. Sin embargo, fueron lo suficientemente astutos para redactar una cláusula de catalogación sin especificar ninguna fecha límite. Una jugada maestra para hacer lo que mejor hacen: no mover un solo dedo.
Hoy en día, ese medio millón de fotografías goza de unas vacaciones eternas y oscuras. Las obras están resguardadas en unas bodegas en Aguascalientes con un control de temperatura y humedad envidiable, perfectas para conservarse intactas mientras absolutamente nadie las ve.
Para añadirle sal a la herida, las autoridades culturales le aplicaron al fotógrafo la clásica técnica azul del "nosotros te llamamos". Le ofrecieron trabajo para que él mismo manejara el archivo (porque, lógicamente, nadie mejor que el autor para hacerlo), pero todo fue una farsa. Y por si fuera poco, en su entusiasmo recolector, el ICA se llevó una colección de cuadros de pintores que Oteyza dejó muy claro que eran un préstamo (comodato) y no una donación, un "pequeño malentendido" que convenientemente no han querido aclarar.
Desde que se llevaron los camiones con su vida entera entre 2022 y 2023, el fotógrafo no ha vuelto a tener acceso a su propio material. "Me han tomado el pelo, me dan largas y, de repente, me echan toritos para entretenerme un rato", confiesa Contreras de Oteyza, quien solo quería evitar que sus fotos se quedaran olvidadas debajo de su escritorio. Vaya ironía: las salvó del polvo de su casa para sepultarlas en el "profesionalismo" del Estado.
La moraleja de esta trágica comedia es clara: si eres un artista con un legado invaluable y deseas que desaparezca de la faz de la tierra sin tener que quemarlo tú mismo, ¡entrégalo a las autoridades culturales de Aguascalientes! Esa runfla de badulaques se asegurará de que se conserve perfectamente en el olvido absoluto. Si no me creen, pregúntenle a la viuda del fotógrafo Enrique Bostelmann, quien hoy sufre exactamente el mismo calvario porque Oteyza, en su momento de confianza institucional, le recomendó entregar su acervo al mismo lugar. ¡Bravo por la preservación cultural hidrocálida!
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