En un alarde de precognición que ya envidiaría cualquier vidente de programa de medianoche, el líder tricolor, Alejandro "Alito" Moreno, salió a gritar a los cuatro vientos que el PRI sigue vivito, coleando y, según sus propias alucinaciones, aplastando a sus enemigos. ¿La proeza? Proclamar con bombo y platillo que el tricolor se embolsó "16 de 16 diputaciones locales" en Coahuila. ¡Saquen las matracas, los tortibonos y el confeti, que hemos viajado mágicamente en la máquina del tiempo a la gloriosa época del "carro completo" de los años setenta!.
Por supuesto, estamos hablando de las ya folclóricas y "clásicas declaraciones" de victoria adelantada por la tarde de ayer. Porque mientras Alito ya estaba mandando a hacer su estatua de bronce, la realidad matemática y aburrida de los mortales -es decir, el PREP del Instituto Electoral de Coahuila- apenas empezaba a escupir sus primeros numeritos a las 18:30 horas. Pero, ¿quién necesita que se cuente un solo voto cuando se tiene el ego inflado a niveles de dirigencia nacional?
Con una audacia que roza la psicopatía, Moreno se atrevió a celebrar que los coahuilenses, iluminados por la gracia divina y su "inteligencia", decidieron cerrarle la puerta en las narices a los "narcopolíticos de Morena". Sí, leyó usted bien. El dirigente del Partido Revolucionario Institucional, esa institución histórica con un currículum tan intachable que hace llorar a los ángeles, tildando de "narcopolíticos" a sus adversarios. Un acto de cinismo tan puramente destilado, tan ácido y poético, que merecería su propio premio Nobel de comedia involuntaria. "¡Barrimos a los narcopolíticos de Morena!", remató el líder en un arranque de burla que seguramente resonó en las paredes de sus mansiones.
Completamente embriagado por su propia narrativa de triunfo y mareado al subirse a su propio ladrillo, Alito no se conformó con agenciarse Coahuila. Envalentonado y presa de un ataque de megalomanía pura, el dirigente ya levita hacia el futuro y promete lograr en 2027 nada menos que el "milagro mexicano". Al parecer, retener un puñado de diputaciones en su último y solitario refugio de supervivencia es el único requisito para autoproclamarse "la verdadera opción de la oposición" y jurar que salvarán a la Patria del apocalipsis.
Y claro, esta sobredosis de autoelogio no estaría completa sin la obligatoria sesión de lambisconería al gobernador en turno. Moreno se deshizo en halagos hacia Manolo Jiménez, coronándolo como un "priista ejemplar", un prócer "valiente y comprometido" que está obrando maravillas económicas y de seguridad. "Demostraron que cuando el PRI se organiza, no hay quien lo detenga", sentenció el dirigente, con la solemnidad de quien acaba de descubrir el hilo negro.
Así que, mientras las autoridades electorales hacen su tedioso trabajo de verificar si el ciudadano de a pie realmente cruzó la boleta como Alito soñó, la cúpula priista ya descorcha champaña. El conteo oficial, llevaba un 94.81% hasta las 00.13 horas de este lunes con el 50.65% de participación ciudadana.
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