Tras un agotador esfuerzo intelectual que amenazó con colapsar la Cámara de Diputados, la Comisión de Diversidad decidió trabajar un rato y aprobó un inofensivo exhorto. Con la abrumadora presencia de apenas ocho votos a favor, los legisladores federales encabezados por el diputado Jaime Genaro López Vela le rogaron de favor a los congresos de Aguascalientes y Chihuahua que consideren adecuar sus leyes para garantizar el matrimonio igualitario.
Sorprende la agilidad mental de la clase política, que apenas tardó 17 años en reaccionar desde que el Distrito Federal aprobó estas uniones en 2009. Mientras miles de ciudadanos tuvieron que gastar tiempo y dinero en juicios de amparo desde 2012 por la necedad de los estados, los diputados en 2026 concluyeron que era el momento perfecto para redactar una carta de buenos deseos.
Para no fatigarse resolviendo problemas reales, la comisión dedicó sus valiosas horas a cambiarse el nombre a Comisión de Diversidad Sexual y de Género, alegando que el término anterior era muy confuso y requería certeza institucional. Con esta hazaña burocrática demostraron que renombrar una oficina es infinitamente más fácil que hacer cumplir los tratados internacionales de derechos humanos.
Entre aplausos y promesas presupuestales para el año 2027, los legisladores festejaron haber emitido una recomendación no vinculante que en Aguascalientes y Chihuahua bien podrían usar como papel reciclable. A este ritmo, para el próximo siglo quizá logren que un exhorto se convierta en trabajo real, porque para demostrar que en Aguascalientes hay Diputados tardos y perezosos, la Suprema Corte de Justicia se ha bastado sola bastante bien.
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