Que nadie entre en pánico, porque las autoridades sanitarias tienen la situación bajo una calma casi poética. Mientras el termómetro y el dolor de huesos suben como la espuma, el director del Instituto de los Servicios de Salud del Estado de Aguascalientes (ISSEA), Rubén Galaviz, salió a tranquilizar a la población con el reconfortante dato de que ya nomás rondamos los 500 casos de dengue en la entidad.
Eso sí, el funcionario aclaró con alivio burocrático que esto solo es un crecimiento progresivo y que no hay de qué alarmarse, pues afortunadamente no se presentan incrementos súbitos ni picos importantes. Parece que 500 personas infectadas en fila son simplemente una suave colina en la gráfica oficial.
Para combatir a este ejército alado, la sofisticada estrategia del ISSEA consiste en concentrarse principalmente en las colonias que ya habían sufrido el embate el año pasado y esperar pacientemente a que los vecinos llamen por teléfono cuando vean nubes de insectos en la esquina.
Según admitió el propio titular de salud, como la gente no puede distinguir a simple vista si el mosquito que la sobrevuela es un Aedes aegypti de alcurnia o un simple zancudo inofensivo, los brigadistas acuden a donde haya reportes vecinales sin importar si realmente se trata del vector transmisor.
Y como toda tragedia con tintes de comedia institucional, el gran desenlace no podía ser otro que pasarle la factura a los ciudadanos. Galaviz reiteró que la contención de la enfermedad es fundamentalmente responsabilidad de la gente, la cual debe vigilar incansablemente sus patios, azoteas y cualquier bote con agua acumulada.
Así que ya lo sabe: si el mosquito gana la batalla y el dengue sigue batiendo récords en la entidad, no mire a las autoridades; la culpa seguramente fue de la cubeta olvidada en su patio mientras los zancudos disfrutaban del control oficial.
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