En una deslumbrante demostración de ignorancia e ineficiencia estatal que roza la muerte cerebral administrativa, el secretario de Turismo de Aguascalientes, Mauricio González López, y la titular del Buró de Congresos y Visitantes, Verónica González López, han emprendido una tonta cruzada legislativa. Su brillante plan consiste en rogarle al Congreso del Estado que apruebe reformas legales para obligar a plataformas como Airbnb a revelar sus datos de ocupación, argumentando con ternura que la empresa no les comparte información y que nadie en el gobierno sabe con certeza cuántas habitaciones se rentan.
Resulta fascinante atestiguar cómo la alta burocracia estatal prefiere movilizar a todo el aparato legislativo antes de enterarse de que el internet existe. El propio secretario de Turismo admitió sin pena alguna que la medición hotelera actual se basa en una muestra pequeña e insuficiente de establecimientos sobre un total de más de doscientos centros de hospedaje, rematando con que los números que reciben andan medio mal. Mientras los ilustres funcionarios saturan la agenda del Congreso para resolver su analfabetismo digital, cualquier ciudadano con conexión a red puede acceder a plataformas de inteligencia de mercado que monitorean y publican esos mismos datos en tiempo real.
Es de un humor bastante negro comprobar que los contribuyentes financian los sueldos de funcionarios que se declaran a ciegas, cuando herramientas privadas como GuestFavorites reportan abiertamente para Aguascalientes datos exactos como 1,321 anuncios activos, una tasa de ocupación del 44% y una tarifa diaria promedio de 1,193 pesos para octubre de 2026. Del mismo modo, reportes de la firma AirDNA ya contabilizaban 1,324 anuncios activos en julio del mismo año. Pero claro, para qué revisar tableros estadísticos automatizados si se puede armar un circo político, exigir normas coercitivas y derrochar recursos públicos.
Mientras Verónica González infla el pecho presumiendo la atracción de convenciones masivas inexistentes y la reserva de miles de habitaciones que no existen, la dirigencia del Buró demuestra que su noción de investigación de mercado equivale a buscar respuestas quemando incienso. Quizás en su próxima sesión, el Congreso, en lugar de redactar leyes inútiles para suplir la descomunal incompetencia del ramo turístico, debería aprobar una partida especial para pagarle a estos funcionarios un taller básico de navegación web, o de menos regalarles una suscripción a una plataforma de datos para que dejen de hacer el ridículo a costa del erario.
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