El cinismo comercial de nuestra fauna local no tiene el menor empacho en vender mosto extranjero o vino a granel embotellado a la carrera con vistosas etiquetas tricolores. Todo esto pasándose por el arco del triunfo la legislación nacional, la cual prohíbe taxativamente catalogar esos mejunjes como "Vino Mexicano" si no provienen 100% de uvas cultivadas, fermentadas y envasadas en nuestro país. Pero claro, ¿para qué tomarse la molestia de respetar la ley cuando el negocio redondo está en embotellar ilusión extranjera a bajo costo?
Para quienes crean que señalar esta estafa es simple paranoia local, vale la pena recordar con acidez el escándalo ocurrido en Francia hace una década. En aquel sagrado templo de la enología, las autoridades descubrieron el descarado fraude de 4.6 millones de botellas de vino español vendidas sin rubor como si fueran producto francés. Una auténtica joya del descaro internacional que hoy mantiene con la guardia alta a los productores nacionales, decididos a evitar que en México nos apliquen exactamente el mismo golazo.
Y es que, mientras los oportunistas buscan el dinero fácil atajando camino con contenedor extranjero, los verdaderos productores mexicanos a pequeña y mediana escala sudan la gota gorda. ¡Miren qué ganas de complicarse la existencia trabajando con honestidad! En lugar de importar brebajes a granel, estos "obstinados" patriotas insisten en ensuciarse las manos plantando la vid, cuidando el viñedo, pagando jornales, cosechando la uva, fermentándola, almacenándola, embotellándola, etiquetándola, distribuyéndola y comercializándola.
Por fortuna, la resistencia contra los vendedores de humo tiene nombres y apellidos. Regiones como Aguascalientes demuestran con hechos que se puede hacer vino real y competitivo, presumiendo una oferta de más de 250 etiquetas y acumulando alrededor de 140 reconocimientos en concursos internacionales. Bajo la presidencia de Ricardo Álvarez Jiménez en el Consejo de Viticultores de Aguascalientes, el gremio desarrolla ya un esquema de trazabilidad para certificar el origen real de cada gota y ponerle freno a los embusteros del sector.
Así que este 7 de octubre, si de verdad quiere celebrar al país y no a un grupo de vivos, tenga la cortesía elemental de preguntar por el origen de la uva y conocer el viñedo para que no le den "gato por liebre". Al exigir autenticidad, no solo salva su paladar de ser engañado, sino que apoya empleos reales, protege los viñedos y fortalece a la cadena productiva del campo mexicano que sí hace las cosas bien. ¡Salud por el vino auténtico y pena ajena para los impostores!
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