Pemex cerró el tercer trimestre de 2026 con pérdidas, aunque reportó una ligerísima mejoría en su resultado. La petrolera consiguió perder un poco menos —esa clase de victoria que no pide desfile, apenas una calculadora y quizá un salvavidas— mientras la deuda financiera sigue haciendo sombra sobre cualquier festejo.
La mejora merece registrarse, desde luego: en el universo de Pemex, avanzar un centímetro hacia la orilla cuenta como hazaña, aunque el barco siga tragando agua. El dato no borra las pérdidas ni convierte la deuda en decoración contable; solo permite decir que el agujero habría crecido con algo menos de entusiasmo.
La deuda financiera continúa siendo el ancla de la discusión: pesa sobre las cuentas de la empresa y mantiene abierta la pregunta de cuánto margen real tiene para invertir, producir y dejar de depender de rescates y promesas. En esta tragicomedia, el balance puede sonreír por una mejoría marginal; los pasivos, en cambio, no parecen haber recibido el memorándum.
Así que sí: hubo una ligera mejoría. También hubo pérdidas y una deuda que no se evapora por decreto ni por optimismo de conferencia. Pemex sigue en el mar; la diferencia es que este trimestre algunos pasajeros celebraron porque el hundimiento, según el reporte, fue un poco menos rápido.

