Pasar del cariñoso “Te quiero, Gordo” a entregarlo en bandeja de plata a la justicia federal es todo un arte del malabarismo político. Mientras el proceso del fuero común iniciado por la fiscalía estatal solo le achacaba cargos de ejercicio ilegal del servicio público y coalición -delitos por los cuales un juez local consideró que podía seguir su proceso muy campante en libertad- los agentes de la FGR esperaron pacientemente a que pusiera un pie fuera del juzgado para aprehenderlo por el "pequeño" detalle de traición a la patria en materia de seguridad nacional.
El motivo de semejante dramatismo federal proviene de un operativo contra un laboratorio de drogas sintéticas en El Pinal, en la Sierra Tarahumara, realizado en abril de 2026. Ahí, presuntamente, Jáuregui permitió la participación no autorizada de agentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) estadounidense en tareas de la corporación estatal. Por si la trama no fuera suficientemente escandalosa, el descenso de la zona serrana culminó en un accidente vehicular donde murieron dos funcionarios mexicanos y dos ciudadanos estadounidenses. Ante esto, la presidenta Claudia Sheinbaum cuestionó públicamente el actuar de las autoridades locales preguntando cómo un fiscal termina siendo el primero en violar la ley.
Con el exfiscal hospedado en el penal federal del Altiplano, la gobernadora recalcó solemnemente que “nadie está por encima de la ley” y que la investigación estatal ya concluyó su fase inicial. Así, entre operativos clandestinos con la CIA, tragedias en la sierra y abrazos políticos que se convierten en pases directos a una prisión de máxima seguridad, la justicia en Chihuahua demuestra ser tan transparente como una fosa séptica.
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