Bienvenidos al mágico y siempre conveniente mundo de la política mexicana, donde los problemas se esfuman más rápido que el presupuesto público. Resulta que la esperadísima reunión extraordinaria en el Senado, donde la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, iba a rendir cuentas, fue cancelada de último minuto mediante un muy oportuno oficio oficial. ¿La razón detallada de la suspensión? Ninguna, pero el timing es una verdadera obra de arte: la cancelación se dio apenas unos minutos después de que el fiscal estatal, César Jáuregui Moreno, presentara su renuncia.
¿Y qué "pequeñez" iban a discutir en la Torre de Comisiones del Senado? Pues nada más un operativo en la Sierra Tarahumara que, por esos azares trágicos del destino, dejó a cuatro personas sin vida. Además, los legisladores tenían mucha curiosidad sobre la presunta presencia de "turistas" estadounidenses bastante peculiares en la zona, ligados a la CIA. Aunque las autoridades estatales juran que no hay indicios de que estos agentes extranjeros intervinieran directamente en el campo, parece que a nadie le cuadra qué hacían paseando en un convoy oficial durante un operativo letal.
Pero no sean malpensados, la dimisión de Jáuregui es un acto de puro heroísmo. Según el ahora exfiscal, su salida tiene el noble propósito de "facilitar las investigaciones" y permitir que todo fluya con la mayor "transparencia" posible, admitiendo de paso unas cuantas fallitas de control y comunicación en su fiscalía. ¡Claro! Nada como abandonar el barco justo cuando tienes que dar la cara por cuatro muertos y un enredo internacional.
Por su parte, los legisladores de Morena, con una ternura inaudita, aseguraron a través del senador Óscar Cantón Zetina que en ningún momento buscaban un "linchamiento político" o un juicio mediático contra la mandataria, sino un ambiente de puro y sincero respeto. Lástima que su deseo de saber la verdad tendrá que esperar, porque todo el proceso de rendición de cuentas quedó flotando en el aire.
Al final del día, el saldo de esta crisis institucional nos deja sin fiscal, sin comparecencia, y sin respuestas, pero con cuatro personas fallecidas y mucha incertidumbre sobre quién asumirá la responsabilidad de seguir con este circo. Ya veremos quién es el próximo valiente en sentarse en la silla de la fiscalía para seguir fingiendo que "investigan" en este nuevo y oscuro capítulo para Chihuahua.
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