En un acto de heroísmo burocrático y "transparencia" sin precedentes, César Jáuregui Moreno ha decidido sacrificarse en el altar de la Patria y presentar su renuncia irrevocable como titular de la Fiscalía de Chihuahua. ¿El motivo de su repentina epifanía moral? Un ligerísimo "desliz" logístico: permitir que una excursión VIP de presuntos agentes de la CIA terminara en tragedia y muerte durante el desmantelamiento de un narcolaboratorio en la pintoresca localidad de Morelos.
Con la cara muy lavada, Jáuregui se paró frente a los micrófonos a darnos lecciones, asegurando que su brújula siempre fue "la protección de la sociedad" usando "toda la fuerza del Estado". Claro, porque nada como tener a operativos estadounidenses paseándose por tu patio trasero sin avisarle a los altos mandos. En un arranque de honestidad que casi nos hace derramar una lágrima, el exfiscal admitió "omisiones" en los mecanismos de control y comunicación. Traducción: se le "olvidó" avisar que había traído invitados extranjeros a jugar a los policías y ladrones.
Pero lo que realmente le rompe el corazón a nuestro incomprendido mártir no es haber pisoteado los protocolos legales, sino que el pequeño detalle de los agentes gringos muertos le arruinó su momento de gloria mediática. ¡Qué gran injusticia! Según él, esta molesta controversia le quitó protagonismo a su "golpe histórico" contra las drogas sintéticas. Al final del día, qué importan un par de cadáveres internacionales y la soberanía nacional cuando tienes el desmantelamiento de un laboratorio para presumir en tu currículum.
Para añadirle más comedia a este circo de incompetencia, la fiscal Wendy Chávez salió a regalarnos la versión oficial del cuento de hadas: resulta que estos agentes de la CIA ni siquiera eran parte del operativo institucional. Eran, al parecer, unos tímidos turistas extremos. Según Chávez, los extranjeros no llevaban armas ni insignias, vestían ropa de civil y, seguramente para protegerse del inclemente sol chihuahuense, mantuvieron el rostro cubierto la mayor parte del tiempo. ¡Qué precavidos! Y por supuesto, su participación fue tan "limitada" y "reservada" que solo interactuaban en secreto con el entonces director de la Agencia Estatal de Investigación (quien, por cierto, también falleció en el tour).
Chávez nos exige creer que estos individuos anónimos y con pasamontañas no ejercieron actos de autoridad, ni dieron órdenes, ni se presentaron como agentes de seguridad. Simplemente estaban ahí para brindar una amigable "colaboración extraoficial". Porque todos sabemos que la CIA es mundialmente famosa por sus pacíficas consultorías desarmadas en medio de la sierra.
Y así, mientras Jáuregui huye por la puerta de atrás con el pretexto de "garantizar la autonomía" y "prontitud" de las investigaciones, le avienta la papa caliente a la gobernadora Maru Campos para que ella decida quién será el próximo incauto en sentarse en la silla de la Fiscalía.
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