Si usted pensaba que blindar un recinto era exclusivo de los lugares donde se guardan tesoros invaluables, mentes brillantes o secretos de Estado, permítame presentarle el chiste más caro del año: el Congreso de Aguascalientes quiere instalar filtros de seguridad en sus accesos.
El diputado del PAN y actual presidente de la mesa directiva, Rodrigo Cervantes Medina, ha declarado orgullosamente ser un "fiel creyente" de que necesitan infraestructura de seguridad y arcos detectores en las puertas del Palacio Legislativo. Incluso ya impusieron hace unos días el registro obligatorio por escrito para cualquier simple mortal que intente entrar al recinto.
La gran y cruel pregunta que todos nos hacemos es: ¿Exactamente qué es lo que cuidan con tanto recelo? ¿Qué temen que les roben?
Desde luego no es su productividad. ¿Acaso tienen pánico de que un ladrón armado irrumpa en la cámara y se robe su humillante índice de fracaso legislativo del 85.4%? Si un comando entrara por la fuerza a robarse su trabajo, lo único que encontrarían sería el montón de 36 iniciativas improcedentes y desechadas que los coronan, oficialmente, como el Congreso con más basura parlamentaria de todo México. Honestamente, cualquier delincuente con un mínimo de dignidad devolvería esos papeles por pura lástima.
Claro, hay que entenderlos: necesitan sentirse seguros mientras tiran el dinero de nuestros impuestos a la basura. Aislados detrás de sus futuros arcos de metal, los diputados podrán seguir ejerciendo su jugoso presupuesto de poco más de 290 millones de pesos sin que los ciudadanos los molesten. Con ese dinero, cada una de sus 529 iniciativas presentadas nos costó 550 mil pesos; y como solo lograron que les aprobaran 77, el costo por cada ley que sí sirvió para algo se disparó a 3 millones 780 mil pesos. ¡Con esos precios inflados por su propia inutilidad, es lógico que se autoperciban como una joyería fina que requiere guardias y detectores!
Quizá el diputado Cervantes Medina quiere "socializar" esta idea de los detectores de metales con sus compañeros para protegerse del legítimo enojo de las próximas generaciones. Después de todo, necesitan barreras físicas para que nadie les reclame por ser el tercer estado del país en aprobar más deuda pública, clavándonos una factura de 9,675 millones de pesos, y regalándole a los municipios el primer lugar nacional en deuda aprobada, con otros 3,196 millones. Esos niveles de saqueo legalizado sí requieren un buen cerco de seguridad.
De por sí, este es un Congreso alérgico a la gente: Aguascalientes ya es uno de los escasos ocho estados en toda la República que se niega a abrir espacios para la participación ciudadana. Tampoco les gusta hablar con nadie más, siendo el estado que menos hace comparecer a sus funcionarios de gobierno, con unas patéticas seis comparecencias en total.
Querer poner detectores de metal y barreras en el Congreso de Aguascalientes es el equivalente a comprarle una caja fuerte blindada, con escáner de retina y guardias armados, a un bote de basura. No se preocupen, diputados, nadie se va a robar su incompetencia; esa es toda suya.
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