En medio de las dudas sobre el futuro del T-MEC, el mandatario estadounidense ofrece calma a México, pero reserva todo su veneno comercial para el vecino del norte.
Si la incertidumbre sobre el futuro del T-MEC te quitaba el sueño, el alivio ha llegado desde el lugar más inesperado. Durante una conferencia de prensa en Dublín, Donald Trump garantizó públicamente que mantendrá una “excelente relación con México”.
Para fortuna de los negociadores mexicanos, el garrote diplomático encontró un blanco mucho más norteño. Al evaluar el comercio regional, Trump comparó la postura hacia México con las crecientes tensiones comerciales con Canadá, nación a la que acusó sin rodeos de haber estado “estafando” a Estados Unidos durante medio siglo.
Con su habitual finura geopolítica, el presidente estadounidense remató afirmando que su país no necesita los productos canadienses, sentenciando que Canadá depende por completo del mercado estadounidense tras haberse aprovechado históricamente de sus agricultores.
La moraleja geopolítica del día es clara: mientras Canadá carga con la culpa de cincuenta años de supuesto despojo, México puede presumir su certificado de "excelente relación". Eso sí, convendrá mantener las maletas listas por si el viento en Dublín cambia de dirección.
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