En una reveladora carta dirigida a Samuel Kluck y Michael Coco, integrantes de la Securities and Exchange Commission (SEC) de EUA., la petrolera más endeudada y consentida del planeta admitió con total desparpajo que no cuenta con ninguna protección o procedimiento en caso de quiebra en ese país. Pero como el masoquismo financiero nacional no tiene fronteras, la situación se pone aún más divertida: tampoco cuenta con ningún tipo de blindaje o salvavidas bajo las leyes mexicanas. Si el barco se hunde por completo, no habrá botes de salvamento legales, ni reestructuraciones ordenadas bajo el ala de un tribunal, ni un "pido mano" ante la justicia comercial. Solo el abismo absoluto.
¿Para qué quebrar si podemos ser inmortales?
El regulador estadounidense, que suele tener la molesta e insolente costumbre de querer entender dónde ponen su dinero los inversionistas, se puso a preguntar qué demonios significaba la transformación de Pemex de "empresa productiva del Estado" a "empresa pública del Estado". Este cambio de look corporativo, consolidado como parte de la reforma energética de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, generó serias dudas sobre si la empresa ahora sí podría solicitar un paracaídas legal bajo las leyes nacionales.
La respuesta de las autoridades mexicanas fue una verdadera obra maestra del cinismo legal: explicaron que, al ser una entidad del sector público que no está constituida conforme al derecho mercantil privado, Pemex no está sujeta a la Ley de Concursos Mercantiles, ni cuenta con protección alguna por quiebra. Es decir, como no es una humilde empresa privada que deba rendir cuentas a las leyes de la física financiera básica, ¡no tiene permitido quebrar! Que los acreedores cobren en la otra vida, porque en esta la ley nos hace intocables e inmunes al sentido común.
"No es culpa de Claudia (ya estábamos desahuciados desde antes)"
En un conmovedor intento por proteger el plumaje de la administración actual, la petrolera que ahora dirige Juan Carlos Carpio Fragoso se apresuró a deslindar a Sheinbaum y su reforma de semejante intemperie jurídica. Pemex aclaró que estar completamente desprotegidos ante una quiebra no es consecuencia de la reforma de 2025, sino que es una delicada situación que ya existía desde mucho antes de su transformación. Básicamente: "No nos culpen por este desastre actual; siempre hemos operado sin paracaídas y con el motor apagado". Un argumento que, sin duda alguna, dejará sumamente tranquilos a los inversionistas extranjeros que compran su deuda.
La "pequeña" ayuda de tus amigos (los contribuyentes)
Pero no todo son lágrimas en este pozo sin fondo. Con gran orgullo y pecho erguido, Pemex informó que, al 30 de junio de 2026, su deuda financiera se redujo a la "módica" e insignificante suma de 77 mil 500 millones de dólares, lo que representa una disminución del 9.1% respecto al cierre de 2025.
¿Andan buscando la receta de este "milagro" digno de un premio Nobel de Economía de ficción? ¿Acaso mejoraron la eficiencia operativa, descubrieron yacimientos gigantescos o refinaron más gasolina? ¡Por supuesto que no! El truco de magia consistió en que el gobierno federal les ha inyectado la bonita y nada despreciable cantidad de 1.71 billones de pesos provenientes directamente de las costillas de los contribuyentes desde 2019 a la fecha. Eso, sumado a malabares en el manejo de pasivos y amortizaciones anticipadas, permite que la empresa siga flotando, aunque sea de panzazo.
Así que ya lo saben, queridos contribuyentes: sigan pagando sus impuestos con alegría. Su dinero no va a hospitales, escuelas ni carreteras, sino a mantener artificialmente con vida a un gigante que, por ley, tiene prohibido morir pero que, por finanzas, lleva años en estado vegetativo.
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