El selecto club de la miseria hídrica
Según los aguafiestas -perdón, expertos- consultados por EFE, la crisis hídrica amenaza con evaporar alegremente entre cuatro y cinco puntos porcentuales del Producto Interno Bruto (PIB) de México.
Para que se den una idea de lo grandiosos que somos: a nivel global, se calcula que la crisis del agua apenas le costará un aburrido 1% del PIB mundial a los países promedio. Pero en México no nos conformamos con la mediocridad. Nos gusta la adrenalina. Mientras otros países lloran por perder un poquito de su riqueza, nosotros estamos listos para posicionarnos orgullosamente en el rango medio-alto del sufrimiento, compitiendo codo a codo en esa escala del 2% al 10% de impacto negativo que sufren las naciones que de verdad saben lo que es la escasez extrema. Como bien dice Raúl Rodríguez, presidente del Consejo Consultivo del Agua: estimar con precisión el costo exacto en México es casi un arte místico, pero que nos va a costar caro, de eso no hay duda.
La brillante estrategia de "ahorrar" en infraestructura
Usted podría pensar: "Bueno, si nos vamos a quedar sin agua y sin el 5% de la economía, seguramente el gobierno está gastando a manos llenas para solucionarlo". ¡Pues no! Eso sería demasiado lógico y predecible.
Los organismos internacionales (esos molestos entes que creen que el dinero se puede usar para prevenir desastres) sugieren que los países deberían invertir el 1.3% de su PIB anual en el sector hídrico. En México, si quisiéramos invertir tan solo el 1% del PIB, tendríamos que destinar unos 350 mil millones de pesos anuales durante toda una década.
Pero nuestra estrategia gubernamental es mucho más minimalista y ahorrativa. El plan de inversión hídrica de la presidenta Claudia Sheinbaum contempla apenas 186 mil millones de pesos acumulados... ¡hasta el año 2030!. Es decir, casi la mitad de lo que deberíamos gastar en un solo año, pero distribuido a lo largo de todo el sexenio. ¿Para qué construir presas, reparar fugas o tecnificar el campo si podemos simplemente cruzar los dedos y rezarle a Tláloc? A fin de cuentas, la fe es gratuita y no requiere licitaciones públicas.
El agua como el freno de mano definitivo de la economía
Por si esto fuera poco, Jorge Arriaga, coordinador ejecutivo de la Red de Agua de la UNAM y del Centro Regional de Seguridad Hídrica bajo la UNESCO, nos regala un maravilloso balde de agua fría (si es que encontráramos uno) al recordarnos que "el agua puede limitar el crecimiento económico".
¡Vaya novedad! Una crisis prolongada no solo hará que su recibo llegue más caro por un servicio que no tiene; también traerá:
- Restricciones directas en la producción (porque resulta que las fábricas necesitan agua para fabricar cosas, ¿quién lo hubiera pensado?).
- Aumento de costos e interrupciones en las cadenas de suministro.
- Impactos severos en la seguridad alimentaria.
Pero no se preocupen, el sector que consume el 76% del agua en el país es la agricultura, la cual sigue esperando pacientemente una "mayor tecnificación" que reduzca su vulnerabilidad, mientras el suelo se sigue agrietando con gracia y estilo.
Tirando billetes (y mugre) al drenaje
Pero lo mejor de todo es nuestro talento para tirar el dinero por la alcantarilla. En el año 2023, gracias a nuestro excelente hábito de no dar un tratamiento suficiente al agua y realizar descargas contaminadas, logramos registrar pérdidas superiores a los 66 mil millones de pesos.
Y si usted pensaba que eso era todo, ¡espere, hay más! Si le sumamos el agotamiento de nuestros queridos acuíferos y la degradación general de la naturaleza, la cifra se eleva alegremente por encima de los 102 mil millones de pesos. Es verdaderamente poético: no tenemos agua limpia, pero nos sobran formas de perder dinero gracias a ella.
El milagro del presupuesto 2027
Con miras a la próxima discusión del presupuesto federal para 2027, el buen Raúl Rodríguez está pidiendo casi un milagro: elevar los recursos para el sector y abrirle la puerta a la inversión privada.
Ojalá nuestros legisladores escuchen sus plegarias. Aunque, siendo honestos, es mucho más probable que aprueben un punto de acuerdo para declarar el "Día Nacional de la Danza de la Lluvia" y nos manden a todos a zapatear al zócalo. Total, el PIB es solo un número, y la sed... bueno, la sed es psicológica.
¡Salud (con el último vaso de agua que les queda) por un México seco pero soberano!
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