A inicios de 2026, las autoridades celebraron con gran bombo y platillo la flamante promesa de una inversión de 400 millones de pesos para la rehabilitación integral del río San Pedro. El anuncio sonaba al paraíso terrenal: un plan maestro de saneamiento profundo, rehabilitación de colectores residuales y modernización de plantas tratadoras, además de parques y áreas deportivas. Sin embargo, los vecinos de las colonias aledañas -quienes llevan escuchando los mismos discursos reciclados administración tras administración- descubrieron rápidamente en qué consistía realmente la "obra del siglo".
En lugar de maquinaria pesada, infraestructura hidráulica real o soluciones definitivas a las descargas contaminantes, la titánica estrategia de recuperación terminó reduciéndose a enviar a las cuadrillas de la Secretaría de Sustentabilidad, Medio Ambiente y Agua (SSMAA) -un grupo fijo de apenas 15 trabajadores obligados a trabajar de lunes a sábado- a cortar maleza, podar ramitas y juntar basuras y llantas abandonadas. Eso sí, todo alegremente aderezado con la promesa de una trotapista de 16 kilómetros en la ribera para que las familias puedan salir a trotar al ritmo de las emanaciones del cauce.
El Comité: La trampa de arena donde mueren las solucionesPero toda simulación de obra pública requiere su correspondiente blindaje burocrático. Aplicando la máxima sagrada del oficio político, "si no quieres que algo funcione, crea un Comité, nunca falla y despresurizas el tema". En enero de 2026 se instaló con pompa y foto oficial el Comité Interinstitucional para el Rescate del Río San Pedro.
En este selecto club estamparon su firma representantes de la Semarnat, la Conagua, la Profepa y el gobierno estatal. La lógica de la jugada es impecable: convocar a docenas de funcionarios a mesas de trabajo, subcomités de inspección y firmas de convenios para diluir la responsabilidad entre tantos sellos oficiales que nadie sea culpable de nada. Mientras las minutas se acumulan pacientemente en los archiveros, el río sigue siendo el mismo canal contaminado de siempre, pero ahora cuenta con un majestuoso órgano colegiado que supervisa cómo los mismos 15 empleados de siempre continúan macheteando hierba los fines de semana.
Administraciones van y administraciones vienen desde hace años, pero la lección de gobierno permanece intacta: para apagar un broncón ciudadano no se necesitan colectores sanitarios ni millones de pesos; basta con una podadora, un boletín dominical, varias fotos bonitas , varios renders y un Comité bien instalado.
|| enDOSminutos.com || Realidad Irreverente || Fotografía: Archivo Histórico Municipal


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