César Adrián Jaime Valdivia, el actual iluminado al frente de la CMIC en Aguascalientes, ha salido a recordar la gran verdad universal: que ningún foráneo es digno de meterle mano a las sagradas vialidades del estado.
En un asombroso despliegue de fe, Jaime Valdivia afirma que los constructores hidrocálidos están listos para devorarse solitos el tierno y jugoso paquete de obras públicas de más de 3 mil millones de pesos, que incluye proyectos de movilidad en la 45 Norte, el Corredor Río San Pedro y el Distribuidor de la 45 Sur con una inversión de mil 500 millones.
Según él, ya demostraron su impecable destreza pavimentando el Tercer Anillo y rehaciendo vialidades en la zona oriente, por lo que traer a gente de fuera para hacer puentes y pavimentar con concreto hidráulico sería casi un insulto a su vasta experiencia y maquinaria pesada.
Sin embargo, esta conmovedora petición de amor por el terruño no es nueva; es el cuento de nunca acabar que se repite administración tras administración con la fidelidad de una misa dominical. Décadas y décadas de escuchar el mismo berrinche corporativo obligan a hacernos una pregunta: ¿de verdad tienen la cacareada capacidad técnica para no dejar las obras a la mitad, o es que la obra pública en el estado es simplemente el juego de mesa favorito de cada gobernador en turno para hacer negocios redondos con sus compadres de toda la vida?
Al final, el verdadero "proyecto estratégico" de Aguascalientes no parece ser desahogar el caótico tráfico del sur de la ciudad, sino descubrir cuál constructor local se queda con la rebanada de pastel más grande antes de que se acabe el sexenio, mientras los ciudadanos esquivan baches de manufactura local construidos con el más puro e hidrocálido amor patrio.
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