Bienvenidos al glorioso rezago educativo más bajo de nuestra historia

La Nueva Escuela Mexicana ha cumplido su hermosa promesa de cambio: nos ha cambiado de época. Gracias a los espectaculares resultados de...

La Nueva Escuela Mexicana ha cumplido su hermosa promesa de cambio: nos ha cambiado de época. Gracias a los espectaculares resultados de la prueba PISA 2025 analizados por el IMCO, hoy sabemos que México logró con éxito un viaje en el tiempo directo a mediados de la década de los 2000, alcanzando el rendimiento escolar general más bajo de toda su historia.

Adiós al aburrido progreso científico y matemático; hola a la gloriosa ignorancia feliz. El país consolidó con orgullo un promedio de apenas 403 puntos entre Matemáticas, Comprensión Lectora y Ciencias. Con esto demostramos que la brillante estrategia de reformar el currículo, cambiar los libros de texto y mandar a volar las evaluaciones dio sus deliciosos frutos. Con semejante hazaña, nos posicionamos como el penúltimo lugar de la OCDE en Ciencia y Comprensión Lectora, y el antepenúltimo en Matemáticas.

La revolución del "Muro del Desaprendizaje"

El fiasco de la Nueva Escuela Mexicana (NEM) y sus libros de texto de fantasía no es un accidente, es arte conceptual. ¿Para qué enseñar matemáticas por separado si podemos diluirlas en un caldo de cultivo junto con biología, física y química? El glorioso Plan de Estudios 2022 decidió que en secundaria ya no se especificara qué enseñar en cada grado, dejando que cada escuela decida el orden en una suerte de "elige tu propia aventura" pedagógica. El resultado es poético: el mayor retroceso histórico se observó precisamente en Matemáticas y Comprensión Lectora, donde caímos otros siete dolorosos puntos respecto a la ya de por sí golpeada medición de 2022.

Por supuesto, el currículo reformulado y los libros de texto sirvieron exactamente para lo que fueron diseñados: construir un hermoso muro que bloquea la movilidad social. ¿Y de qué tamaño es este muro? Los fríos números del IMCO revelan un panorama desolador:

  • Solo el 0.1% de los estudiantes mexicanos tiene un alto desempeño en Matemáticas (comparado con el 8% promedio de la OCDE y el humillante 54% de China).
  • Apenas el 0.3% puede entender un texto complejo, comparar fuentes o detectar sesgos en la lectura.
  • En cambio, un robusto 42% no puede realizar una operación matemática básica con números enteros, identificar una explicación científica sencilla, ni reconocer la idea principal de un texto.

¡Eso es equidad social! Si casi la mitad de los jóvenes no comprende lo que lee ni sabe sumar, nadie se sentirá menos inteligente que el otro.

¿Evaluaciones? Qué burgués...

La mejor parte del plan maestro de la NEM fue, sin duda, despreciar y desmantelar el sistema nacional de evaluación educativa. Primero extinguieron al molesto Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) en 2019, descontinuaron la prueba PLANEA, y en 2025 terminaron de asesinar a su dócil sucesor, Mejoredu.

Gracias a esta magistral jugada de avestruz, México pasará cuatro maravillosos años en la más absoluta y bendita oscuridad de datos sobre el aprendizaje de sus alumnos, desde hoy hasta la prueba PISA de 2029. Ojos que no ven, catástrofe que no se siente. Si no medimos el desastre, técnicamente no está ocurriendo.

¿Y cuáles son las "brillantes" soluciones que nos proponen?

Ante este panorama tan "prometedor", el IMCO —con su insoportable manía de querer que México sea competitivo— propone soluciones tan lógicas que resultan ofensivas para nuestra soberana improvisación:

  1. Restablecer una evaluación estandarizada nacional comparable y pública. ¡Qué locura! ¿Para qué queremos un termómetro que nos recuerde que tiene fiebre? Es mucho más barato y patriótico romper el termómetro y decretar que la salud es mental.
  2. Definir por fin qué contenidos de matemáticas y ciencias deben enseñarse en cada grado de secundaria. El IMCO propone "progresiones nacionales" claras, pero eso atentaría contra el derecho a la libre improvisación escolar.
  3. Fingir que la Inteligencia Artificial nos salvará. Dado que el 47% de los estudiantes usa IA semanalmente y el 59% para hacer la tarea, la solución obvia es dejar que la tecnología piense por nosotros. Total, solo el 0.5% de los jóvenes de 15 años en México alcanza los niveles más altos de aprendizaje. Que las máquinas se encarguen del pensamiento complejo mientras nosotros seguimos debatiendo si prohibir los celulares en el aula reduce las distracciones.

En fin, la "revolución educativa" avanza con paso firme hacia el pasado. En 30 años veremos la verdadera cara del país que estamos construyendo con este magnífico experimento de desaprendizaje. Mientras tanto, sigamos disfrutando del dulce calor del penúltimo lugar de la OCDE.

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