Fiesta, globos y confeti en Aguascalientes porque, según la ENVIPE del INEGI, la entidad ostenta el tercer lugar nacional en percepción de seguridad, ya que un 59 por ciento de la población afirma sentirse segura.
Sin embargo, al hacer una resta matemática elemental, se evidencia que el 41 por ciento restante vive en la zozobra constante y mirando por encima del hombro a ver a qué hora le toca el asalto. Solo Coahuila, con un 72.2 por ciento, y Yucatán, con un 64.5 por ciento, superan a la entidad en este ranking de optimismo ciudadano.
La paradoja se vuelve aún más oscura al revisar los datos duros de victimización del propio reporte del INEGI. Durante 2025, Aguascalientes registró una tasa de 24 mil 846 víctimas de delito por cada 100 mil habitantes. Esto implica que casi una cuarta parte de la población sufrió un crimen en carne propia. Lo verdaderamente desconcertante es que Aguascalientes supera en tasa de víctimas a estados vecinos habitualmente percibidos como más violentos, como San Luis Potosí con 22 mil 163, Jalisco con 21 mil 908, Guanajuato con 21 mil 824 y Zacatecas con apenas 15 mil 733 víctimas por cada 100 mil habitantes.
Como hipótesis para explicar por qué la gente se siente tan segura en un territorio con más víctimas que Zacatecas o Guanajuato, especulamos que la población ha desarrollado un caso severo de anestesia colectiva, o bien que el asalto diario se ha integrado tanto a la rutina que ya se le considera una amable forma de interacción social.
Por el lado de la tasa de delitos, la entidad acumuló 31 mil 765 casos por cada 100 mil habitantes. A pesar de registrar un descenso del 6.5 por ciento, Aguascalientes mantiene una incidencia delictiva superior a la de Guanajuato con 31 mil 574, Jalisco con 28 mil 422 y Zacatecas con 21 mil 862 delitos por cada 100 mil personas.
Ante este panorama, cabe plantear que la baja del 15.7 por ciento en la tasa de víctimas reportada para 2025 no responde a una mejora real en la seguridad, sino a que a los delincuentes se les agotaron los ciudadanos por asaltar o a que la gente simplemente renunció al cansancio de denunciar.
En conclusión, celebrar el tercer lugar en percepción mientras se sufre una tasa de victimización superior a la de los estados vecinos sugiere que en Aguascalientes no reina la paz, sino una inquebrantable fe en la negación.