1. El espantoso crimen de vender fresas baratas (y de invierno)
De acuerdo con las mentes más brillantes del Departamento de Comercio de Estados Unidos (DOC), los exportadores mexicanos han cometido el imperdonable pecado de vender fresas por debajo de su valor justo para competir "deslealmente" contra los desvalidos y desamparados agricultores estadounidenses.
Para castigar semejante insolencia, el gobierno de Washington ha impuesto una cuota antidumping promedio de 4.83% (con rangos que van desde el sutil azote del 3.37% hasta el severo latigazo del 5.28%). Porque, claro, ¿qué es más amenazante para una superpotencia mundial con un mercado de mil millones de dólares anuales de fresas que el sudor de casi 5,000 productores mexicanos, de los cuales el 97% son pequeños o medianos agricultores que apenas logran subsistir? Obviamente, esos pequeños agricultores son en realidad magnates oligárquicos tratando de destruir a los productores de Florida.
El origen de esta gesta heroica por parte de los agricultores de Florida se remonta a 2025, cuando corrieron a quejarse de que las malvadas "fresas de invierno" de México no eran fresas normales, sino un producto alienígena y diferenciado que merecía su propio mercado regional. Y aunque en marzo de 2026 la propia Comisión de Comercio Internacional de EUA. (ITC) concluyó de manera preliminar que no existía ningún elemento para inventar que las "fresas de invierno" eran algo distinto, al Departamento de Comercio le importó un bledo la lógica y decidió mantener sus "criterios arbitrarios" para justificar el arancel. Al parecer, la geografía y la botánica en Estados Unidos se rigen por decretos políticos.
2. El selectivo "libre mercado" y el de la panza norteamericana
Por supuesto, el Gobierno de México pegó el grito en el cielo, argumentando que esta ridiculez viola flagrantemente el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) y el acuerdo antidumping de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Pero seamos honestos: ¿quién necesita tratados comerciales internacionales cuando se tiene el poder del proteccionismo electoral?
Lo verdaderamente poético de esta "guerra fría frutal" es la maravillosa coherencia del gobierno estadounidense. Mientras le clavan aranceles a la fresa mexicana, al jitomate (con su hermoso 17% de cuota compensatoria) y mientras los productores de California suplican que le pongan un límite estacional al aguacate mexicano de marzo a septiembre porque "les baja el precio" (¡oh, no, comida barata para la gente, qué horror!), la aduana norteamericana le abre los brazos de par en par a otros productos.
¿Cuáles están exentos de aranceles? Qué casualidad: plátanos, café, frutas tropicales, jugos, cacao, té y especias. ¿Por qué? Pues porque Estados Unidos simplemente no puede abastecerse de estos productos de manera interna. Así que, en nombre de "controlar la inflación", si ellos no lo pueden producir, es libre comercio; pero si México lo produce mejor, más barato y de temporada, ¡al calabozo de los aranceles! La ley del embudo en su máxima expresión agrícola.
3. ¿Metal? ¿Cerveza? ¿Latas vacías? ¡Póngale arancel a todo!
Este drama de las fresas es solo el capítulo más reciente de la bonita vecindad que tenemos. Las aduanas estadounidenses se han convertido en una tómbola de impuestos donde casi todo lo que cruza el Río Bravo sale con recargo:
- Acero y aluminio mexicano: Aranceles de entre el 25% y el 50%.
- Cobre y derivados: Un módico arancel del 50%.
- Vehículos y autopartes: 25%.
- Cerveza y latas de aluminio vacías: (Sí, leyó bien, ¡latas vacías!) 25%.
- Todo lo demás: Un arancel general del 25% aplicado desde el 4 de marzo de 2025, solo pausado temporalmente si demuestras con tres actas de nacimiento y un examen de ADN que cumples estrictamente con las reglas de origen del T-MEC.
Toda esta bella "diplomacia aduanera" se justifica bajo la Ley de Facultades Económicas Internacionales de Emergencia (IEEPA), porque claramente que un estadounidense coma una fresa mexicana barata en invierno califica como una "emergencia nacional" que rivaliza con el tráfico de fentanilo, la seguridad nacional y las crisis migratorias.
4. Reuniones semanales para tomar el té
Mientras los pequeños agricultores mexicanos ven cómo sus 263 mil toneladas de exportaciones anuales peligran, nuestro secretario de Economía, Marcelo Ebrard, mantiene reuniones semanales con Jamieson Greer (USTR). Imaginamos que las amenas charlas semanales consisten en largas discusiones sobre cómo "endurecer las reglas de origen" para el sector automotriz, mientras México reza para preservar el acceso preferencial de sus mercancías.
Por ahora, la Secretaría de Economía mexicana dice que "seguirá el desarrollo del procedimiento" de manera coordinada con productores y exportadores. O sea, a esperar sentados mientras los pequeños productores le rezan a la virgen para que la resolución definitiva del DOC no termine por sepultar su milmillonario mercado bajo una montaña de burocracia norteamericana.
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