🎼Mercaderes, traficantes/🎶 más que náusea dan tristeza/🎵 no rozaron ni un instante/🎶 la belleza🎵(Luis Eduardo Aute)
¡Ave María Purísima y todos los santos del cielo! Hoy es un buen día para recordar que si hay un lugar donde Morena no pudo meter la
mano para imponer jueces y magistrados fue aquí en la mismísima tierra de la
gente buena y qué bueno por una parte, pero... eso no quiere decir que los
actuales sean los mejores juzgadores porque muchos de ellos en su bendita vida
habían participado en la impartición de justicia. Pero claro, la estructura
oficial les pavimentó el camino para quedarse bien acomodados, con todo y el altísimo costo contra la justicia que eso implica.
Por si no tuvieran suficiente con esa estrecha
"amistad", a estos señores y señoras de toga adquirida por pura chiripa, se les ocurrió la idea peregrina de armar su propio club social, una dizque asociación civil que
presentaron con bombo y platillo. Se juntan para defenderse entre ellos y, lo
que es el colmo del cinismo, su contrato social les da permiso para recibir
donativos, apoyos y hasta subsidios de dinero público y privado. ¿De verdad
creen que somos tontos? ¿Cómo van a juzgar con imparcialidad si terminan
debiéndole favores económicos, entre otros, a sus benefactores?
Pero el colmo de los colmos, y que me perdone la Virgen de
la Asunción por pensar mal, es que en ese mismo club son socios tanto los
jueces que dictan las sentencias en primera instancia como los magistrados que
se supone deben vigilarlos y corregirlos en apelación. ¡Es como si el confesor
y el pecador fueran cómplices en el mismo negocio! ¿Dónde queda la decencia
cuando el que te juzga y el que te revisa se sientan a tomar el café en la
misma mesa? ¿Dónde queda la independencia en la impartición de justicia?
Salimos de Guatemala para entrar a Guatepeor.
Todo este compadrazgo de oficina vía acordeón nos tiene a todos los
aguascalentenses en el más absoluto, desolador y trágico estado de indefensión.
Estamos con el Jesús en la boca y las manos completamente atadas. Si algún
infeliz ciudadano necesita tramitar un amparo para defenderse de un atropello,
la ley ya no le sirve de nada; solo le queda una opción para salvar el pellejo:
ponerse de rodillas a rezarle con fervor a Dios para que el caso, por pura obra
y milagro divino, caiga en manos de alguno de los poquísimos juzgadores
independientes.
¡Qué vergüenza de tribunales y qué desamparo para nuestro pueblo! ¡Que el cielo nos agarre confesados porque aquí la justicia terrenal ya se la entregaron al compadrazgo! || enDOSminutos.com || Realidad Irreverente ||


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