🎼Qué desencanto tan hondo/ 🎵Qué desconsuelo brutal/ Qué ganas de echarme en el suelo/🎶Y ponerme a llorar 🎵/Cansa', de ver la vida que siempre se burla/ 🎶Y hace pedazos mi canto y mi fe (Enrique Santos Discépolo)
¡Ay, sobrinas, sobrinos, comadres y contlapaches, dejen lo que estén haciendo y pónganse cómodos, porque hoy traigo el alma de reversa con tanta hipocresía que se respira en nuestra Diócesis de Aguascalientes! Nosotras ahí vamos cada semana, muy obedientes, bien peinaditas y tapaditas hasta la garganta a hincarnos en el confesionario y soltarle al señor cura hasta el más mínimo detalle de nuestros pecados -que si el chisme con la vecina, que si el mal pensamiento con el carnicero o las llamadas constantes al plomero- todo para que nos den la bendita absolución. ¡Ah!, pero cuando se trata de ellos, resulta que la transparencia desde el púlpito brilla por su total y absoluta ausencia. ¡Qué bonita gracia!
Fíjense nomás en el tremendo escándalo que nos quisieron tapar. El mismísimo obispo, Monseñor Juan Espinoza Jiménez, mandó un comunicado el pasado 4 de agosto de 2026 avisándole a todo el presbiterio que el sacerdote Porfirio Galindo Álvarez quedó "dimitido del ministerio sacerdotal". Pero lo más descarado de este chiste espiritual es que el documento original traía la bonita etiqueta de: "NO PARA PUBLICARLO NI DIFUNDIRLO". ¡Háganme el favor! Querían dejar el secreto bajo la alfombra de la sacristía, como si los chismes no volaran más rápido que el Espíritu Santo en domingo de Pentecostés. Menos mal que a alguien se le escapó y se filtró a los medios locales, porque si no, nosotras seguiríamos saludándolo con respeto en la calle.
Y no crean que esto fue una decisión al vapor de nuestro obispado. No, hijos e hijas mías. El proceso penal canónico fue ordenado y supervisado directamente desde Roma por el mismísimo Dicasterio para la Doctrina de la Fe del Vaticano. ¡La mismísima Sede Apostólica tuvo que meter las manos! Al padre Porfirio le dieron chance de defenderse, usó todas las apelaciones y recursos habidos y por haber que le concede el dichoso Derecho Canónico, pero ¿qué creen? Todas y cada una de sus apelaciones fueron desestimadas y la sentencia quedó más firme que una roca.
¿Andan con el pendiente de qué significa que lo hayan "dimitido"? Pues que el señor obispo ya les advirtió a los demás sacerdotes que si ven a Porfirio queriendo dar misa, bautizar plebes o casar incautos, ¡lo denuncien de inmediato! Tiene estrictamente prohibido celebrar misas, dar sacramentos o andar sugiriendo que sigue siendo sacerdote. La única y gloriosa excepción que le dejó el Derecho Canónico es que puede escuchar confesiones de personas en peligro de muerte. ¡Vaya ironía! O sea, si te atropella un camión y el padre Porfirio va pasando, sí te puede confesar en el último suspiro, pero si de milagro sobrevives, ¡ya no te puede dar la comunión porque vuelve a no tener licencia! Es de risa loca, de verdad.
Pero la gota que derrama el agua bendita es la explicación de la Diócesis. Cuando la gente y los periodistas empezaron a preguntar de qué delito se le acusaba, el Obispo Juan Espinoza salió a decir muy quitado de la pena que revelar las causas concretas sería una "irresponsabilidad grave" porque hay que proteger "la vida personal" del sacerdote. ¡Válgame Dios! Con nosotras no hay derecho canónico que valga para andar protegiendo secretitos cuando nos confiesan; ahí sí exigen cuentas claras. Pero para ellos, la norma dice que una vez terminado el juicio solo hay que publicar el resultado, pero no tienen ninguna obligación de decirnos qué hizo el padrecito.
Y luego sale el vocero del obispado, el presbítero Rogelio Pedroza González, a darnos palmaditas en la espalda diciéndonos que "estemos tranquilas", que son "casos aislados" y que hay que "mantener la calma y la confianza" porque de 300 sacerdotes que hay en Aguascalientes, esto es un porcentaje mínimo. ¡Por favor, don Rogelio! A otro perro con ese hueso. Esto es exactamente lo mismo que hacen los gobiernos cuando ocultan sus tranzas bajo el sello de "Seguridad Nacional", nomás que aquí le echan la culpa a los misterios de Roma para que nadie les ande rascando, Ah!, y por ahí traen otro tema de un cura acusado de abusar de dos monaguillos. Y ni se diga de las horribles y asquerosas tropelías y abusos que se han documentado una, y otra y otra y oootra vez en el Templo de la Inmaculada Concepción, (mejor conocido como San Diego), que llevan DÉCADAS sucediendo y ni quien se atreva a ponerles fin porque el centro de culto en cuestión es una minita de oro para el Obispado.
Sea como sea, la decencia y la justicia de Dios exigen que la luz salga del púlpito. No podemos seguir con una fe a ciegas mientras nos ocultan las manzanas podridas bajo el argumento de que "todo viene del Vaticano", una excusa que ya nadie les compra. ¡Así que a abrir los ojos y a rezar el rosario, pero con los ojos bien abiertos! Amén. || enDOSminutos.com || Realidad Irreverente ||
¡Ay, sobrinas, sobrinos, comadres y contlapaches, dejen lo que estén haciendo y pónganse cómodos, porque hoy traigo el alma de reversa con tanta hipocresía que se respira en nuestra Diócesis de Aguascalientes! Nosotras ahí vamos cada semana, muy obedientes, bien peinaditas y tapaditas hasta la garganta a hincarnos en el confesionario y soltarle al señor cura hasta el más mínimo detalle de nuestros pecados -que si el chisme con la vecina, que si el mal pensamiento con el carnicero o las llamadas constantes al plomero- todo para que nos den la bendita absolución. ¡Ah!, pero cuando se trata de ellos, resulta que la transparencia desde el púlpito brilla por su total y absoluta ausencia. ¡Qué bonita gracia!
Fíjense nomás en el tremendo escándalo que nos quisieron tapar. El mismísimo obispo, Monseñor Juan Espinoza Jiménez, mandó un comunicado el pasado 4 de agosto de 2026 avisándole a todo el presbiterio que el sacerdote Porfirio Galindo Álvarez quedó "dimitido del ministerio sacerdotal". Pero lo más descarado de este chiste espiritual es que el documento original traía la bonita etiqueta de: "NO PARA PUBLICARLO NI DIFUNDIRLO". ¡Háganme el favor! Querían dejar el secreto bajo la alfombra de la sacristía, como si los chismes no volaran más rápido que el Espíritu Santo en domingo de Pentecostés. Menos mal que a alguien se le escapó y se filtró a los medios locales, porque si no, nosotras seguiríamos saludándolo con respeto en la calle.
Y no crean que esto fue una decisión al vapor de nuestro obispado. No, hijos e hijas mías. El proceso penal canónico fue ordenado y supervisado directamente desde Roma por el mismísimo Dicasterio para la Doctrina de la Fe del Vaticano. ¡La mismísima Sede Apostólica tuvo que meter las manos! Al padre Porfirio le dieron chance de defenderse, usó todas las apelaciones y recursos habidos y por haber que le concede el dichoso Derecho Canónico, pero ¿qué creen? Todas y cada una de sus apelaciones fueron desestimadas y la sentencia quedó más firme que una roca.
¿Andan con el pendiente de qué significa que lo hayan "dimitido"? Pues que el señor obispo ya les advirtió a los demás sacerdotes que si ven a Porfirio queriendo dar misa, bautizar plebes o casar incautos, ¡lo denuncien de inmediato! Tiene estrictamente prohibido celebrar misas, dar sacramentos o andar sugiriendo que sigue siendo sacerdote. La única y gloriosa excepción que le dejó el Derecho Canónico es que puede escuchar confesiones de personas en peligro de muerte. ¡Vaya ironía! O sea, si te atropella un camión y el padre Porfirio va pasando, sí te puede confesar en el último suspiro, pero si de milagro sobrevives, ¡ya no te puede dar la comunión porque vuelve a no tener licencia! Es de risa loca, de verdad.
Pero la gota que derrama el agua bendita es la explicación de la Diócesis. Cuando la gente y los periodistas empezaron a preguntar de qué delito se le acusaba, el Obispo Juan Espinoza salió a decir muy quitado de la pena que revelar las causas concretas sería una "irresponsabilidad grave" porque hay que proteger "la vida personal" del sacerdote. ¡Válgame Dios! Con nosotras no hay derecho canónico que valga para andar protegiendo secretitos cuando nos confiesan; ahí sí exigen cuentas claras. Pero para ellos, la norma dice que una vez terminado el juicio solo hay que publicar el resultado, pero no tienen ninguna obligación de decirnos qué hizo el padrecito.
Y luego sale el vocero del obispado, el presbítero Rogelio Pedroza González, a darnos palmaditas en la espalda diciéndonos que "estemos tranquilas", que son "casos aislados" y que hay que "mantener la calma y la confianza" porque de 300 sacerdotes que hay en Aguascalientes, esto es un porcentaje mínimo. ¡Por favor, don Rogelio! A otro perro con ese hueso. Esto es exactamente lo mismo que hacen los gobiernos cuando ocultan sus tranzas bajo el sello de "Seguridad Nacional", nomás que aquí le echan la culpa a los misterios de Roma para que nadie les ande rascando, Ah!, y por ahí traen otro tema de un cura acusado de abusar de dos monaguillos. Y ni se diga de las horribles y asquerosas tropelías y abusos que se han documentado una, y otra y otra y oootra vez en el Templo de la Inmaculada Concepción, (mejor conocido como San Diego), que llevan DÉCADAS sucediendo y ni quien se atreva a ponerles fin porque el centro de culto en cuestión es una minita de oro para el Obispado.
Sea como sea, la decencia y la justicia de Dios exigen que la luz salga del púlpito. No podemos seguir con una fe a ciegas mientras nos ocultan las manzanas podridas bajo el argumento de que "todo viene del Vaticano", una excusa que ya nadie les compra. ¡Así que a abrir los ojos y a rezar el rosario, pero con los ojos bien abiertos! Amén. || enDOSminutos.com || Realidad Irreverente ||


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