Mientras yo aquí sigo actualizando un currículum que nadie va a leer, con tres pesos en la bolsa y debiéndole la vida a la señora de la tienda, me entero de que los dueños del país tienen problemas "verdaderamente trágicos". ¡Pobrecitos, de veras! Resulta que a la gloriosa oposición mexicana no le queda de otra más que revivir al PRIAN por pura necesidad. Sí, porque el flamante líder del PAN, Jorge Romero, que ya le había jurado la muerte civil a esa alianza, ahora tiene que decidir entre no ser competitivos en los estados o ir corriendo a Insurgentes Norte a abrazar a Alejandro "Alito" Moreno. Qué bonita es la política mexicana: uno tiene que humillarse ante el patrón por el salario mínimo, pero ellos se arrastran entre sí por pura supervivencia electoral.
Hablemos del dilema de Alito Moreno, ese señor que vive en unos metaversos tan maravillosos que hacen que mi cuenta bancaria en ceros parezca una ilusión. El tipo se la pasa viajando a Washington a llorar que es un perseguido político. ¡Qué nivel de sufrimiento! A mí me persiguen los despachos de cobranza por una licuadora que saqué a pagos y ningún congreso extranjero me invita un café. Para colmo, tiene a su propio "mini-me" metiendo ruido en el INE, mientras Morena le cierra el cerco debatiéndose entre mandarlo a la cárcel o tomarse su tiempo para discutir su desafuero en el Congreso. Al final, la justicia en este país es como las vacantes con "sueldo competitivo": caprichosa y solo se aplica para los bueyes del compadre de enfrente, nunca para los de casa.
Y del otro lado de la cerca, las cosas no están más tranquilas. En Morena andan repartiéndose las candidaturas estatales como si fueran rebanadas de pizza en fiesta infantil, al grado de que Ariadna Montiel ya está que tira la toalla de tanto lidiar con la fatiga de los mismos obradoristas de siempre. Qué duro debe ser pelearse por gobernar un estado entero mientras los mortales nos peleamos por alcanzar el último camión ruta 50.
Pero lo mejor de todo son las encuestas que publica El Financiero. Es una joya ver que Alito Moreno tiene un espectacular 71% de opinión mala o muy mala, y su amado PRI goza de un aplastante 85% de rechazo absoluto. El PAN tampoco se queda atrás con otro 85% de desprecio popular. Vaya, y yo sintiéndome rechazado porque no pasé el examen psicométrico para ser cajero. Al menos a mí no me detesta activamente casi todo el país de manera documentada.
En fin, al PRIAN le queda vida, pero solo porque a Alito todavía no le ponen el traje a rayas. Es fascinante ver cómo ellos, con su reputación arrastrada por el lodo, siguen decidiendo el destino de la nación mientras a nosotros nos toca ver el show con el estómago vacío. ¡Salud por la democracia mexicana, que no me da de comer, pero cómo me hace reír para no llorar!


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