Si pensabas que el mayor crecimiento en Aguascalientes era su economía o su infraestructura, te equivocas: es nuestra inexplicable y carí...
Si pensabas que el mayor crecimiento en Aguascalientes era su economía o su infraestructura, te equivocas: es nuestra inexplicable y carísima afición por enfermarnos. Entre 2004 y 2025, nuestra población creció un modesto 28%, pero las ganas de internarnos en hospitales privados se dispararon un hermoso 153%. El INEGI (sí, otra vez ese cruel destructor del betún y la mermelada gubernamental) no lo dice abiertamente, pero solo quedan dos opciones: o nuestros cuerpos están colapsando a un ritmo alarmante, o el terror de pisar un hospital público nos hace desembolsar los ahorros de toda una vida.
¿Qué nos está matando por dentro? (Literalmente)
Al parecer, la gastronomía local está para morirse, porque las hospitalizaciones por enfermedades digestivas simplemente se cuadruplicaron. Pasamos de 2,189 estómagos arruinados en 2004 a 8,274 en 2025, un incremento del 278%. Pero no se preocupen, si el sistema digestivo no falla, el entorno lo hará por usted: los ingresos por traumatismos, envenenamientos y "otras causas externas" se triplicaron, subiendo un brutal 294%.
La nostalgia por el COVID-19
Mientras el resto del mundo superó la pandemia, en Aguascalientes somos unos románticos empedernidos. El estado orgullosamente ocupa el primer lugar nacional de egresos por COVID-19 en el sector privado. Con una tasa de 18.3 por cada 100 mil habitantes, aplastamos sin piedad la mediocre tasa nacional de 2.1. ¡Que se diga fuerte y quedito que somos unos campeones virales!
Milagros de la medicina o pánico financiero
Eso sí, somos medalla de bronce a nivel nacional en esto de visitar el hospital de paga; de cada 100 mil habitantes, 2,631 pasaron por caja, solo por debajo de los hipocondríacos de la Ciudad de México y Jalisco.
No todo es malo, pues hay que reconocer la eficiencia de nuestros flamantes 19 hospitales privados y sus 392 camas. El promedio de estancia de los pacientes es de apenas 1.6 días, bastante menos que los 2.1 días a nivel nacional. Nadie sabe si esto se debe a la milagrosa eficacia de los médicos locales o, mucho más probable, al hecho de que los pacientes prefieren ser dados de alta arrastrándose antes de ver la factura del segundo día de hospitalización.
En fin, a seguir comiendo en la calle y ahorrando, que esas camas de hospital no se van a pagar solas.
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