Usted disculpe, lechuga mexicana: el gran fiasco de la FDA y la "diarrea explosiva"

Que siempre no. La majestuosa e impecable Agencia para la Administración y Control de Alimentos de Estados Unidos (FDA) ha tenido que t...
Que siempre no. La majestuosa e impecable Agencia para la Administración y Control de Alimentos de Estados Unidos (FDA) ha tenido que tragarse sus propias acusaciones —esperemos que con mejor digestión que sus ciudadanos— tras confirmar este lunes que la lechuga de Guanajuato no es la culpable de la crisis sanitaria que tiene a medio país corriendo al baño. Resulta que el cargamento mexicano dio un rotundo y vergonzoso falso positivo al parásito Cyclospora durante los "rigurosos" exámenes de importación en la frontera sur.

La sofisticada tecnología del primer mundo ha quedado magistralmente retratada. Mientras las autoridades estadounidenses se apresuraban a culpar a los vegetales mexicanos de desatar el apocalipsis estomacal, sus propios laboratorios tardaron todo un fin de semana en darse cuenta de que sus reactivos estaban alucinando. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) admitieron, con una honestidad casi enternecedora, que sus famosas pruebas de genotipificación para rastrear este parásito son bastante más lentas y ofrecen mucha menor precisión que las que usan para bacterias comunes. Básicamente, jugaron a la ruleta rusa con el prestigio agrícola de Guanajuato y perdieron.

Para cuando la FDA le envió un tímido mensajito de "oops, mala nuestra" a la empresa Taylor Farms el domingo 19 de julio, el pánico ya había hecho estragos en la canasta básica. La compañía ya había retirado voluntariamente toneladas de lechuga iceberg rallada distribuidas en 27 estados, privando de sus ensaladas a los temerosos consumidores de lugares como Alabama, Texas, Michigan y Pensilvania.

Mientras tanto, el misterio del brote continúa sin resolverse. Las autoridades de salud norteamericanas ya acumulan mil 645 contagios confirmados en 34 estados y tienen otros 5 mil 100 casos sospechosos en el limbo. La gente sigue experimentando los encantadores síntomas de la infección: evacuaciones dolorosamente frecuentes, pérdida de peso exprés, cólicos, náuseas y unos gases espectaculares. Sin embargo, la FDA y los CDC reconocen que controlar este desastre fecal va a estar difícil. Rastrear el origen del parásito es casi imposible porque la enfermedad no se transmite de persona a persona y el periodo de incubación tarda hasta 14 días; para cuando al paciente le ruge la tripa, ya ni se acuerda de qué rayos cenó hace dos semanas.

Pero claro, ante la total incapacidad de encontrar al verdadero culpable con sus lentas pruebas de laboratorio, siempre es más fácil apuntar el dedo hacia el sur y gritar "¡venganza de Moctezuma!" antes de verificar los datos.

Así que, agricultores mexicanos, ya pueden respirar en paz. Sus lechugas están limpias. Del orgullo herido y las pérdidas económicas por el lote retirado a toda prisa, la gran burocracia científica de Washington se sacude las manos con un frío, seco e institucional: "Usted disculpe".

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