Trump promete otra "paliza" a Irán (desde la seguridad de su sofá)

Ah, el dulce sonido de los tambores de guerra tocados por alguien que jamás ha estado cerca de un frente de batalla. Tras el reciente ata...

Ah, el dulce sonido de los tambores de guerra tocados por alguien que jamás ha estado cerca de un frente de batalla. Tras el reciente ataque a bases estadounidenses en Jordania, Donald Trump ha vuelto a desenfundar su megáfono de bravucón de patio escolar. Su magistral y diplomática respuesta ha sido prometer que Irán y sus aliados "van a recibir una paliza". Y, en un derroche de elegancia presidencial en Fox News, quiso dejar muy clara su valentía añadiendo que "les vamos a sacar la mierda a golpes". ¡Tiembla, Medio Oriente, que el expresidente está hablando fuerte frente a las cámaras!

Lo más hilarante de este repentino ataque de testosterona es que ocurre apenas un suspiro después de que el propio Trump insistiera en que buscaba una "solución negociada" para esta guerra que ya lleva cinco meses. Pero claro, cuando la diplomacia falla, nuestro pacifista de conveniencia se convierte en Rambo al instante. Un Rambo de escritorio, por supuesto, porque la verdadera "paliza" no la da él con sus propias manos, sino los aviones de combate y drones que manda a lanzar ataques de precisión a miles de kilómetros de distancia.

Y no podemos olvidar su brillante y delirante concepto de las relaciones internacionales. Trump alardeó de que los recientes bombardeos conjuntos con Arabia Saudita contra milicias proiraníes en Irak —a las que llamó sutilmente "un cáncer para el mundo"— fueron perfectamente "coordinados con las autoridades en Bagdad". Un operativo militar impecable, de no ser por el pequeñísimo detalle de que el gobierno iraquí salió casi de inmediato a condenar los ataques, tachándolos de "intromisión grave" y de ser una "violación flagrante de la soberanía de Irak". Para Trump, "coordinar" aparentemente significa hacer lo que le da la gana y avisar cuando las bombas ya están cayendo.

Mientras tanto, este héroe de la retórica bélica aprovecha para reunirse con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, en Washington. Juntos intentan vender la ilusión de que todo va viento en popa y buscan "limar diferencias públicas", posando muy valientes lejos de la zona de conflicto.

Al final del día, las grandilocuentes advertencias de Trump resuenan con la misma fuerza que un globo desinflándose. Porque no hay nada que grite más "coraje" que prometer sacarle la porquería a golpes a tu enemigo, siempre y cuando sean los aliados de Arabia Saudita y las tropas estadounidenses quienes realmente pongan el cuerpo en la línea de fuego.

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