En un conmovedor acto de amor patrio... pero por la patria de otros, la automotriz japonesa Toyota ha decidido que el clima de San Antonio, Texas, es repentinamente mucho más saludable para ensamblar su camioneta Tacoma que el de Tijuana. Con una módica y nada desesperada "ofrenda de paz" de 3,600 millones de dólares, la compañía planea duplicar el tamaño de su planta texana para el año 2030, prometiendo generar 2,000 empleos para los trabajadores estadounidenses.
Por supuesto, esta mudanza masiva —que elevará la capacidad de la planta texana de 200,000 a 350,000 unidades anuales— no tiene absolutamente nada que ver con el hecho de que la administración de Donald Trump acabe de enterrar el tratado comercial de Norteamérica para reemplazarlo por humillantes "revisiones anuales". Tampoco tiene relación con las sutiles y amables amenazas presidenciales de imponer aranceles de infarto a cualquier automotriz que se atreva a fabricar del lado mexicano de la frontera. No, para nada. Es pura coincidencia de ingeniería.
"No eres tú, México, es mi red de producción"
La portavoz de Toyota, con el refinado cinismo que solo un buen departamento de relaciones públicas puede redactar, aseguró que esta millonaria huida en realidad "complementa nuestra red de producción más amplia en Norteamérica". Una forma poética de decir: "Nos estamos rindiendo ante el acoso arancelario de Washington, pero hagámoslo sonar como una brillante estrategia de complementación".
Para que en México no se sienta tanto el golpe de perder la Tacoma en Tijuana en un lento y doloroso proceso de transición de cuatro años, Toyota ha dejado un pequeño premio de consolación: prometen mantener operaciones en su planta de Guanajuato. Al menos por ahora, o hasta que la próxima revisión anual del pacto comercial en Washington obligue a la automotriz a mudar también esa fábrica a alguna pradera de Ohio para no perder sus privilegios.
Mientras tanto, en Texas ya se frotan las manos celebrando parte de los 10,000 millones de dólares adicionales que Toyota planea inyectar en el mercado interno de Estados Unidos hasta 2030. Después de todo, está demostrado que no hay nada que una buena y vieja amenaza arancelaria no pueda "complementar" en la economía de libre mercado.
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