La gloriosa e impecable Universidad Nacional Autónoma de México ha decidido llevar el suspenso de su examen de admisión al siguiente nivel, convirtiendo el sueño de estudiar una carrera en un thriller distópico de ciencia ficción.
Por un lado, el pasado 3 de julio la institución interpuso una denuncia penal contra esos maravillosos y solidarios "emprendedores" y empresas que vendían la ilusión de "garantizar" o facilitar el pase a la licenciatura. Porque, claro, ¿qué es la educación pública mexicana sin un poco de noble corrupción familiar para asegurar el futuro de los hijos? Al parecer, algunas familias cayeron en el viejo truco de comprar el éxito embotellado, obligando a las autoridades a investigar estas conductas fraudulentas.
Pero el verdadero héroe de esta tragedia cómica es el sistema de inteligencia artificial encargado de vigilar la segunda jornada del concurso de selección, donde 158 mil 712 almas ingenuas compitieron por un lugar. Lejos de evaluar si los aspirantes saben álgebra, física o comprensión de textos, la IA decidió que el verdadero indicador de excelencia académica es tener acceso a un búnker insonorizado con planta de luz propia y conexión satelital de la NASA.
Resulta que el implacable algoritmo de supervisión digital consideró que la presencia de condiciones del entorno doméstico eran pruebas irrefutables de alta traición académica. ¿Tuviste la osadía de usar lentes graduados? Pues la brillantísima IA interpretó el reflejo de la luz en tus cristales como un sofisticado dispositivo electrónico para copiar. ¿Pasó un vehículo haciendo ruido, tu vecino azotó una puerta o se te fue la luz o el internet a mitad del examen? ¡Felicidades, eres un tramposo y tu examen queda cancelado!
Las sagradas reglas de supervisión prohíben estrictamente interactuar con terceros, usar dispositivos no autorizados o cubrirse la cara. Así que, si te rascaste la nariz tapándote la boca por el estrés, o si un familiar asomó la cabeza en tu cuarto, el sistema te etiquetó de inmediato como un criminal informático. Los aspirantes, particularmente aquellos que buscan ingresar a ingenierías y licenciaturas, ya están inundando las redes sociales y firmando peticiones en Change.org, llorando amargamente porque sus exámenes fueron anulados por causas que no tienen absolutamente nada que ver con sus conocimientos académicos. Reclaman que la IA terminó evaluando la calidad de su conexión y la tranquilidad de su vecindario en lugar de sus cerebros.
Mientras tanto, la UNAM se mantiene en un cómodo y absoluto silencio: no ha dicho cuántos exámenes anuló ni si se va a dignar a revisar estos atropellos. La fecha límite para que la esperanza de miles de jóvenes muera oficialmente es el 17 de julio, día en que se publicarán los resultados oficiales. Así que ya lo saben, futuros universitarios: para la próxima, estudien menos y recen más para que su vecino no decida ponerse a remodelar su casa en pleno examen.
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