Si naciste con la terrible costumbre de no ser millonario y guardabas la ingenua esperanza de comprarte un "humilde techito" en Aguascalientes, te sugiero que vayas apartando un buen puente o comprando una casa de campaña de lujo. Los precios de la vivienda han decidido emprender un viaje sin retorno hacia la estratosfera, y las cosas se ponen cada vez más difíciles para los más pobres.
Vayamos a los números, solo para que llores con fundamentos matemáticos. Según los fríos datos de la Sociedad Hipotecaria Federal, en aquel lejano diciembre de 2014, el precio promedio de una casa estaba en su envidiable récord más bajo, costando apenas 298,223 pesos (MXN). ¡Ah, la nostalgia de cuando la pobreza aún te dejaba soñar! Pero el espejismo se desvaneció rápido: para marzo de 2019, la cifra ya había escalado a 892,205 pesos (MXN). Pero agárrate, porque la comedia no termina ahí: para este glorioso 2026, el precio promedio ya es de 1,150,000 pesos.
Hagamos la matemática del terror para calcular el crecimiento: pasar de 298,223 pesos en 2014 a 1,150,000 pesos en 2026 representa un escandaloso incremento del 285.6%. Sí, leíste bien. El costo del techo sobre tu cabeza casi se cuadruplicó en apenas doce años, mientras que tu salario mínimo seguramente solo subió lo suficiente para invitarte un taco extra a la semana.
Y como todo el mundo quiere que usemos el bendito tipo de cambio de un dólar a 18 pesos (recordemos, con todo el cinismo posible, que estos dramáticos datos de origen ya están en nuestra devaluada moneda nacional), aquí está tu miseria traducida a divisa extranjera: aquellos 298,223 pesos de 2014 eran apenas unos 16,567 dólares al tipo de cambio de hoy. En cambio, la casa promedio de 1,150,000 pesos en este 2026 equivale a la "módica" cantidad de 63,888 dólares.
En conclusión, el panorama para las clases bajas está más oscuro que su historial crediticio. Mientras el sector inmobiliario brinda con champaña por su maravillosa plusvalía, la gente de a pie tendrá que conformarse con pagar rentas cada vez más absurdas, o, si tienen mucha suerte, entrar en una guerra campal a machetazos con quince tíos por el terreno intestado de la abuela.
¡Ánimo, que las cajas de cartón de los refrigeradores grandes todavía no pagan impuesto predial!
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