En la cima de la soberbia tenemos a la presa Abelardo L. Rodríguez presumiendo un 111.6% de almacenamiento, seguida de cerca por la Niágara con un 107.5%, la Codorniz con 101.2%, la 50 Aniversario con 100.8% y El Cedazo con 100.3%. Incluso los eternos segundones andan sintiéndose lagos suizos: la Jocoqui reporta un 90.9%, la Malpaso un 85.2%, la Media Luna un 78.3%, la Ordeña Vieja un 72.6% y hasta la pequeña Potrerillos se da el lujo de presumir un 64.2%.
Y mientras tanto, en el rincón de la supuesta "vergüenza", la imponente presa Plutarco Elías Calles contempla el panorama hídrico con un aparentemente humillante 34.4% de su capacidad (o un esquelético 22.2%, según el burócrata de la Conagua que use la calculadora este mes).
La humillación matemática: Cuando tu "vacío" es más grande que el "lleno" de los demás
Ese "miserable" porcentaje de la Presa Calles representa más de 79 millones de metros cúbicos de agua almacenada. Para bajárselos al suelo: el volumen actual de esta presa supuestamente "vacía" es infinitamente mayor que la suma de todas las presas pequeñas de Aguascalientes juntas. De hecho, en la colosal Presa Calles cabe hasta 60 veces el volumen total de la presa Malpaso completamente llena.
Así que, mientras los pequeños charcos andan derramando lágrimas de orgullo hídrico por los lados, el verdadero rey de Aguascalientes sigue gobernando desde su trono de aparente escasez, callándoles la boca con un volumen absoluto que los demás no verán ni en sus mejores sueños de tormenta tropical.
Un siglo de humillar sequías (y de rozar la muerte hídrica)
Este titán de concreto no es ningún improvisado que se llena con tres tardes de tormenta; de hecho, está a tan solo tres años de cumplir un siglo entero de existencia soportando las inclemencias de nuestro semidesierto. En su casi centenaria historia, la Calles ha aprendido que la paciencia es una virtud y que los niveles de agua van y vienen.
Si la presa tuviera memoria para humillar a los optimistas de hoy, les recordaría su año dorado: 1992, cuando alcanzó su récord histórico de llenado con un impresionante 89.8% de su capacidad, lo que significó un océano interno de 321.64 millones de metros cúbicos de agua.
Pero como la acidez también nos obliga a recordar las tragedias, el titán también sabe lo que es estar a punto de convertirse en un triste y polvoriento arenero para gatos. Su peor pesadilla histórica ocurrió el 1º de octubre de 1946, cuando tocó fondo registrando un humillante 1.57% de su capacidad, es decir, una miserable charca de apenas 5.61 millones de metros cúbicos.
Así que, para los pesimistas que hoy se cortan las venas porque la joya de nuestro Distrito de Riego 001 se encuentra a poco más de la tercera parte de su capacidad hídrica: respiren hondo y denle gracias a las nubes de este julio de 2026. Al menos no estamos en 1946, contemplando cómo el gigante del estado se evapora hasta el tamaño de un charco de estacionamiento.
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