¡Bienvenidos a Aguascalientes!, la hermosa y pujante ciudad donde las vías del ferrocarril no solo transportan mercancías, sino que sirven como una conveniente barrera para separar quirúrgicamente a los ciudadanos de primera de los de segunda. Si creías que la segregación urbana era cosa de los libros de historia, te invitamos a dar un paseo por nuestro propio apartheid demográfico.
De acuerdo a los datos del Inventario Nacional de Viviendas y su respectivo cruce con el Directorio Estadístico Nacional de Unidades Económicas del malvado, cruel y despiadado INEGI, del lado poniente de la ciudad la vida es un apacible retiro dorado. Ahí habita apenas un selecto 39% de la población, disfrutando del espacio, el silencio y los mejores niveles socioeconómicos. Es prácticamente un asilo de lujo a cielo abierto, pues seis de cada diez de sus residentes son adultos mayores de 60 años y, demográficamente hablando, su población está decreciendo. En contraste, el oriente es nuestra propia granja de hormigas: el 61% de los habitantes se hacinan de este lado. Es un hervidero de fertilidad donde casi siete de cada diez niños menores de 14 años tienen que compartir el oxígeno.
Y vaya que lo comparten de cerca. Mientras en el próspero poniente el hacinamiento es un mito urbano (solo el 13% de las viviendas tienen tres o más ocupantes por cuarto), en el oriente el 87% de los hogares disfruta de este "acogedor" calor humano. ¿Privacidad? Eso es un privilegio que no aplica cuando tu código postal está en plena etapa productivo-reproductiva.
Pero la verdadera comedia negra comienza cuando hablamos de dinero y servicios. De las 51 mil unidades económicas de la ciudad, los ciudadanos de primera en el poniente acaparan más de 30 mil, mientras que las masas del oriente apenas se reparten 21 mil. En el oeste, los abuelos y ejecutivos pueden disfrutar de elegantes servicios financieros, corporativos y científicos. ¿Y en el este? Bueno, ahí cuatro de cada diez negocios son "comercios al por menor", porque alguien tiene que venderles pañales, refrescos y tortillas a las familias amontonadas.
El chiste más cruel, sin embargo, es la educación. Pese a que el oriente concentra al 65% de los adolescentes y jóvenes de la ciudad (sí, los que realmente necesitan ir a clases), en 2024 se abrieron 200 nuevos planteles educativos en el poniente. ¡Una absoluta genialidad de la planificación urbana! Le construyeron colegios (el 85% de ellos privados, faltaba más) a una población que ya casi no tiene hijos. Mientras tanto, el oriente, donde urgen las escuelas, tuvo que conformarse con solo 100 planteles nuevos, en su mayoría construidos y operados por el asfixiado sector público.
Quizá la única salida para los ciudadanos de segunda sea la emancipación, siguiendo el inspirador ejemplo de Santo Domingo Este, en República Dominicana. Hartos de ser el patio trasero, en el año 2002 se independizaron de su capital en busca de autonomía y lograron mejorar su educación, salud y empleo. Tal vez sea hora de que el oriente de Aguascalientes empaque sus cosas, declare su independencia y deje al poniente disfrutando de sus 200 colegios vacíos y sus servicios corporativos. Al fin y al cabo, el oriente tiene a los jóvenes y, como dicen las estadísticas, "el futuro de la ciudad está en el oriente"
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