El secretario de Seguridad Nacional (DHS) de Estados Unidos, Markwayne Mullin se presentó ante la Cámara de Representantes para darnos una noticia fantástica: el muro fronterizo es un éxito rotundo.
Según la brillante radiografía de Mullin, la frontera está bajo el control de nueve cárteles que se han repartido el territorio mediante un sofisticado sistema de franquicias corporativas conocidas como "plazas". Olvídate de los planes de desarrollo urbano del gobierno; estos muchachos tienen una cobertura territorial del 100%, con gerentes regionales (perdón, "jefes de plaza") que monitorean las vulnerabilidades fronterizas con una eficiencia que envidiaría cualquier auditor de Wall Street.
Pero aquí es donde la sátira se escribe sola y la lógica del DHS nos vuela la cabeza. Mullin defendió a capa y espada que las barreras físicas "tienen un impacto positivo". ¿Y cómo medimos este tremendo éxito? Pues resulta que el muro es tan, pero tan bueno bloqueando las rutas tradicionales, que obligó a los cárteles a redescubrir las palas y construir un túnel subterráneo para el tráfico de drogas y personas. ¡Un triunfo monumental de la política pública! Si pones una puerta cerrada y el ladrón hace un hoyo en la pared, tú celebras que la cerradura funcionó a la perfección. La evolución criminal en su máximo esplendor cortesía de las barreras físicas.
Y como caminar bajo tierra cansa mucho, los cárteles han decidido diversificar su portafolio de logística incursionando en la aviación. Mullin advirtió que los criminales están recurriendo cada vez más al uso de drones. Así que mientras el DHS se jacta de sus bardas de acero, las drogas simplemente les pasan volando por encima de la cabeza mientras saludan a la cámara.
Pero no teman, ciudadanos, porque se tiene una "estrategia" maestra. El plan consiste en usar el muro para empujar a los cárteles hacia lo que él bautizó poéticamente como "puntos estranguladores". La idea es limitar sus zonas de operación para que el DHS pueda enfocar ahí su personal y tecnología. Básicamente, el plan es acorralar a grupos paramilitares hiperconectados, que vuelan drones y excavan túneles, esperando que, por pura amabilidad, decidan caminar todos juntos hacia el embudo donde los esperan los agentes fronterizos. Un plan sin fisuras.
Para hacer frente a esta invasión del siglo XXII, Mullin ha pedido —además de más muro— "torres autónomas", equipos de última generación y, por supuesto, un "grupo de trabajo conjunto" para ver cómo mitigan la amenaza de los drones.
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