Mundial 2026: Capitalismo de élite, xenofobia y hoteles vacíos

Ah, la Copa del Mundo 2026. Ese mágico evento que, según los optimistas, nos "transforma como sociedad". Y vaya que lo hace, em...

Ah, la Copa del Mundo 2026. Ese mágico evento que, según los optimistas, nos "transforma como sociedad". Y vaya que lo hace, empujándonos a una hermosa distopía donde la FIFA finalmente se quita la máscara y se consolida como una flamante fuerza política de derecha. ¡Que ruede el balón y la decadencia humana!

Empecemos por la política internacional, que siempre es tan deportiva. Gracias a la conmovedora unión entre los berrinches de Trump y la infinita complacencia de Gianni Infantino, hemos presenciado un hito de la diplomacia. ¿Recuerdan aquel glorioso "comes y te vas" de Vicente Fox a Fidel Castro? Pues el gobierno de Estados Unidos lo ha reeditado con un elegante "juegas y te vas" dedicado a la Selección de Irán. Y por si fuera poco, en un torneo organizado en gran parte en territorio hispanohablante, se ha prohibido hablar español en las conferencias de prensa oficiales por "falta de intérpretes". Se ve que los miles de millones en patrocinios no alcanzaron para pagar un traductor.

Pero no se preocupen, porque este Mundial es, ante todo, la "manifestación máxima del capitalismo". Las clases sociales nunca habían estado tan bien delimitadas para disfrutar de 22 millonarios pateando un balón. Si eres la élite de la élite, lo ves desde las comodidades del hospitality; si eres un simple clase media, te vas a amontonar a bares y restaurantes. ¿Y la clase más baja? A ellos los arrojan a los fan fests de la FIFA y los gobiernos sede, para que celebren en la calle mientras los de arriba brindan con champán.

Para compensar la falta de alma, al menos tenemos tecnología. La televisión alemana ha decidido "gamificar" el asunto metiendo minimapas tácticos y estadísticas en pantalla, para que el partido se vea exactamente como un videojuego y te olvides de la realidad.

En cuanto a identidad nacional, Marruecos decidió que la geografía es solo una sugerencia y rompió el paradigma alineando casi exclusivamente a jugadores que ni siquiera nacieron ahí. Para ser exactos, 19 de sus 26 convocados no nacieron en suelo marroquí. ¡Un triunfo rotundo para la tercerización de talento!

Y si hablamos de turismo, el fracaso es de campeonato. La brillante idea de esparcir los partidos en tres países gigantescos provocó que la demanda hotelera esté por debajo del presupuesto. Es tan patético que, en la Ciudad de México, los coches de la Fórmula 1 dejan más reservas de hotel que los partidos, y en Guadalajara, hasta la Feria del Libro atrae más gente. Así es, damas y caballeros: en el México futbolero, una feria de libros le ganó a la Copa del Mundo. Esto es ya de plano el multiverso de la ironía cruel.

Al final, dicen que el periodismo saldrá fortalecido de todo esto, porque cubrir estos eventos "ligeros" termina revelando las tensiones más profundas y oscuras de nuestra sociedad. Básicamente, quien entienda esta Copa del Mundo, entenderá el mundo. 

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