En un giro de los acontecimientos que absolutamente nadie vio venir, la cúpula de Morena ha descubierto que el The New York Times no es un diario de investigación periodística, sino la nueva guarida secreta de la "ultraderecha nacional e internacional". ¿Su imperdonable pecado? Publicar un reportaje señalando que al menos una docena de inmaculados funcionarios mexicanos —incluyendo gobernadores y legisladores— corrieron a buscar a las autoridades de Estados Unidos para canturrear como pajaritos e intercambiar información sobre otros políticos.
¿El motivo detrás de esta repentina vocación de informantes? Según los maliciosos periodistas (seguramente aliados de los conservadores), los políticos buscaban salvar su propio pellejo y adelantarse a las investigaciones de la DEA que temen se centren en ellos, para evitar así una "cascada" de acusaciones que debilite a su amado partido. ¡Qué noble espíritu de compañerismo! En lugar de hundirse juntos en el barco de la transformación, prefieren arrojar a sus colegas por la borda antes de que lleguen las órdenes de extradición.
Pero que nadie entre en pánico. La dirigente nacional de Morena, Ariadna Montiel, salió este domingo a contener el desastre con la vieja confiable: la excusa del complot. Con una indignación digna de premio Óscar, juró que todo esto es solo una narrativa para atacarlos y que ellos "no son cómplices de nadie" ni van a "encubrir a nadie". Claro, resulta mucho más fácil culpar a los fantasmas de la derecha mundial que explicar por qué la DEA andaba contactando políticos tras los testimonios de narcotraficantes como los integrantes de Los Chapitos.
Hablemos de los mártires de esta historia. Ahí tenemos a los gobernadores de Sonora, Alfonso Durazo, y de Tamaulipas, Américo Villarreal, a quienes las malas lenguas gringas señalan como "objetivos" de investigaciones por presunta corrupción. Durazo, temblando de... "indignación", envió una carta al editor del NYT exigiéndole que rectifique su publicación carente de "sustento verificable", alegando que a él nadie le ha notificado que lo estén investigando. Y no podemos olvidar a la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila, quien aplicó una defensa magistral: sí confirmó que es su voz en un audio hablando sobre reunirse con autoridades estadounidenses, pero jura que "no alcanzó acuerdos" con ellos. Básicamente, un "sí fui a la cita, pero no nos agarramos de la mano".
¿Y cuál es el brillante contraataque táctico de Morena ante este misil mediático e institucional? ¿Transparencia absoluta? ¿Auditorías internas? ¡Por supuesto que no! Su plan maestro territorial es organizar "asambleas en defensa de la soberanía nacional". Porque, como todos sabemos, nada intimida más al Departamento de Justicia de EE.UU. que unos templetes con bocinas saturadas en las plazas de México los fines de semana. Montiel cerró filas recordando que, al fin y al cabo, son las mismas mentiras que usaron para tachar de "narcopresidente" a Andrés Manuel López Obrador y para atacar a Claudia Sheinbaum en campaña.
Al final, Montiel presumió el "gran entusiasmo" de los aspirantes rumbo a las elecciones de 2027. Y cómo no estar entusiasmados; con el ritmo al que sus actuales funcionarios parecen querer pactar con Washington por miedo a ir a prisión, la bolsa de trabajo en Morena va a tener muchísimas vacantes disponibles. ¡Larga vida a la soberanía, al menos mientras dure el fuero!


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