Después de siete larguísimos años de que la Corona española evitara nuestro país por las incómodas exigencias sobre los agravios de la Conquista, su majestad el rey Felipe VI finalmente se dignó a pisar territorio mexicano. Eso sí, no se emocionen pensando que vino a ofrecer la disculpa pública que la presidenta Claudia Sheinbaum y su antecesor le han estado rogando en las conferencias mañaneras. Al parecer, el verdadero motor de este heroico esfuerzo diplomático no es sanar 500 años de heridas históricas, sino asistir al Estadio de Guadalajara para ver jugar a su selección contra Uruguay en el Mundial de la FIFA 2026. Porque, seamos honestos, nada grita "reconciliación cultural y respeto mutuo" como ver a 22 millonarios pateando un balón.
La agotadora cumbre diplomática entre la presidenta Sheinbaum y el monarca en Palacio Nacional duró la maratónica cantidad de una hora y 20 minutos. Seguramente, en esos 80 minutos tuvieron tiempo más que suficiente para resolver las fracturas sobre la memoria histórica, escuchar los himnos nacionales, tomarse la bonita foto oficial en el Salón Embajadores y pretender que todo está perdonado. Estuvieron acompañados por una larga lista de funcionarios, desde el jefe de Oficina Lázaro Cárdenas Batel hasta diplomáticos españoles, quienes probablemente se aseguraron de que nadie mencionara el oro.
Para que el monarca no fuera a tener un mal rato a su llegada, el canciller Roberto Velasco corrió presuroso a las inmediaciones del AICM a recibirlo. Por su parte, la Secretaría de Relaciones Exteriores aprovechó la visita exprés para derrochar optimismo, afirmando que "México y España continúan fortaleciendo sus lazos diplomáticos en beneficio del bienestar de sus pueblos". Y cómo dudarlo, si a pesar de los berrinches históricos bilaterales, la visita del rey es vista como un "gesto relevante para el diálogo"... o al menos la excusa perfecta que encontró Su Majestad para venir a ver si su equipo, que ganó la Eurocopa en 2024, logra hacer algo en la Copa del Mundo.
¡Que viva el balompié y las indestructibles relaciones bilaterales!
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