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La soberanía está a salvo (los mexicanos ya no)

En un nuevo episodio de "Cosas que solo preocupan en Palacio Nacional", nuestra flamante presidenta ha salido a aclarar que el corazón de algodón de su antecesor…

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En un nuevo episodio de "Cosas que solo preocupan en Palacio Nacional", nuestra flamante presidenta ha salido a aclarar que el corazón de algodón de su antecesor nunca tembló por lo que el "Mayo" Zambada pudiera "cantar" en tierras gringas. No, señores, no sean malpensados. Al parecer, a AMLO no le quitaba el sueño que un capo de talla mundial ventilara los domingos de asado con la clase política; lo que de verdad le dolió —y hasta le causó un "enfriamiento" diplomático— fue que los vecinos del norte no le avisaran que se llevaban el postre.

La soberanía: ese escudo invisible contra la realidad

Según la doctora Sheinbaum, la verdadera angustia existencial de la Cuarta Transformación durante la transición no fue la ola de asesinatos que adorna el país (como el "pequeño incidente" de una mujer ejecutada frente a un IMSS, por citar un ejemplo de la vida cotidiana), sino la terrible, espantosa y traumática violación a la soberanía. Porque, claro, es mucho más ofensivo que un avión de la DEA aterrice sin permiso en Nuevo México a que los cárteles sigan usando el territorio nacional como su patio de juegos personal.

Aquí los puntos clave de este manual de prioridades:

  • ¿Revelaciones del "Mayo"? ¡Bah!: El gobierno jura tener "cero preocupación" por lo que Ismael Zambada le esté contando al Departamento de Justicia. Seguramente solo están intercambiando recetas de cocina sinaloense.
  • El drama con Ken Salazar: La relación con el exembajador se puso más fría que un congelador de la fiscalía porque Washington fue "opaco". AMLO exigía transparencia sobre el operativo, una cortesía que, curiosamente, nunca les pidió a los grupos delictivos cuando deciden quién vive y quién muere en las calles.
  • Esperando el "best-seller": Sheinbaum pide "cautela" y esperar a que salga el libro de Salazar en julio. Porque nada dice "gobierno eficiente" como detener la agenda nacional para hacerle una reseña literaria a un exdiplomático estadounidense.

Primero la etiqueta, luego la vida

Es reconfortante saber que, para nuestros líderes, el problema no es que un "personaje" —como elegantemente lo llama la presidenta— con órdenes de aprehensión vigentes anduviera paseando como si nada, sino que nadie le avisó a México cuando finalmente lo atraparon.

Al parecer, el protocolo diplomático es mucho más sagrado que la seguridad de los mexicanos. Si un cártel asesina a alguien, es "un acontecimiento violento" más en la lista; pero si el tío Sam captura a un capo sin mandar un WhatsApp previo, ¡eso sí es una afrenta que merece pausar relaciones!.

En fin, pueden seguir con sus vidas (si los grupos criminales les dan permiso), sabiendo que la soberanía está intacta y que el único miedo de AMLO era que le faltaran al respeto a la bandera, no que los criminales le faltaran al respeto a la vida de sus ciudadanos. ¡Qué alivio!

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