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La pederastia sigue siendo una “herida abierta”: León XIV

El Papa estadounidense León XIV ha aterrizado en España para su primer gran viaje europeo, y el espectáculo no ha decepcionado a los amantes del humor negro y la hipocresí…

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El Papa estadounidense León XIV ha aterrizado en España para su primer gran viaje europeo, y el espectáculo no ha decepcionado a los amantes del humor negro y la hipocresía institucional. En una magistral puesta en escena en la sede de la Conferencia Episcopal Española (CEE), el pontífice se vistió de héroe moral para calificar la pederastia como una "plaga" y exigir "cambios reales de sanación", verdad, justicia y reparación. Palabras conmovedoras, sin duda, especialmente para quienes las escuchaban desde la platea vip.

Y es que la escena no podría haber sido guionizada por un mejor comediante satírico. Los obispos españoles, en un acto de "martirio" moderno, tuvieron que sudar la sotana esperando la llegada del Papa durante más de hora y media. Mientras rezaban pacientemente en la previa, seguramente más de uno pedía al cielo que el jefe de Roma se olvidara del tema de los abusos. Sus plegarias casi son escuchadas por el presidente de la CEE, Luis Argüello, quien al dar la bienvenida al Papa, se deshizo en halagos sobre los gloriosos 60 años de historia de la institución, omitiendo por completo cualquier mención a la "plaga" que les pudre las alfombras. 

Pero el verdadero toque de acidez recae en el público asistente. Escuchando atentamente la homilía papal sobre la "reparación" había más de una decena de obispos previamente señalados por encubrir abusos, entre ellos el cardenal emérito Antonio María Rouco Varela. Qué reconfortante debe ser hablar de limpiar la casa cuando los que sostienen la escoba son los mismos que escondieron la basura bajo el sofá, una "pequeña" acumulación que ya suma 1,622 acusados y más de 3,000 víctimas documentadas.

Para demostrar que la Iglesia va en serio con esto de la "cultura de prevención" y sanar la "herida abierta", el Papa tuvo un encuentro íntimo y catártico con las víctimas. Bueno, con seis de ellas. Seis representantes para más de 3,000 afectados. Una proporción estadística que da risa si no diera ganas de llorar. Las víctimas le entregaron propuestas para una respuesta "más eficaz", y el Papa, en un brillante ejercicio de retórica corporativa vaticana, se comprometió a que esas ideas "sirvan de base para futuros esfuerzos". Traducción: van directas al buzón de sugerencias divinas, al fondo del pasillo, a la derecha del olvido.

El resto del viaje es el típico tour de rockstar celestial. León XIV llenó el estadio Santiago Bernabéu con 70,000 groupies diocesanos para hablar de no encerrarse en sus "entornos seguros" (un consejo que los obispos encubridores de la mañana no parecen aplicar a sus carreras). También se dio el lujo de ir al Palacio Real a pedirle paz al rey Felipe VI y quejarse de las ideologías polarizadoras, todo mientras el Gobierno de Pedro Sánchez le hace ojitos y aplaude su postura pro-migrantes. Porque, al final del día, el Papa también tiene que mantener la "inteligencia política" para no meterse en los charcos del aborto, los derechos LGBTQ+ y los monumentos franquistas que tanto divierten a la sociedad española.

Al final, León XIV concluyó que, para ser una voz moral creíble, la Iglesia debe afrontar su historia oscura y garantizar justicia. Un remate espectacular para un monólogo impecable. Lástima que, para hacer limpieza general, quizás no fue la mejor idea invitar a los arquitectos del lado oscuro a sentarse en primera fila a aplaudir.

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