La Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC) ha descendido de los cielos con una profecía que seguramente curará todos nuestros males: el Mundial 2026 dejará la bicoca de hasta 10 mil millones de pesos al comercio de barrio. ¡Aleluya! Resulta que nuestra ferviente vocación por el sedentarismo y la embriaguez será, al fin, el motor que impulse la economía local.
Según estos genios de la estadística, alrededor del 14 por ciento de la derrama económica total de este magno evento terminará en la caja registradora de la tiendita de la esquina, logrando que el mercado de barrio capte entre 8 mil 500 y 10 mil millones de pesitos. Y por supuesto, ¿en qué gastaremos la quincena con singular alegría? Nueve de cada diez pesos se irán por el glorioso retrete del consumismo en forma de abarrotes, cerveza y comida preparada. Porque no hay nada que grite "espíritu de alto rendimiento deportivo" como taponarse las arterias mientras ves por televisión a veintidós millonarios correr tras un balón.
Desglosemos esta dieta de campeones. El 90 por ciento de nuestras compras recurrentes durante el torneo serán una oda a la indigestión. Los abarrotes nos van a exprimir el 30 por ciento de las ventas, lo que equivale a unos escandalosos 2 mil 550 millones de pesos. Pero no crean que la gente se pondrá a comprar espinacas o quinoa; la ANPEC aclara amablemente que esta montaña de dinero se quemará en refrescos, agua, botanas, embutidos de dudosa procedencia, pan, lácteos, desechables para contaminar a gusto y, por supuesto, carbón e hielo. Pura gasolina de alto octanaje para la evolución humana.
Pero el verdadero pilar de nuestra identidad nacional no podía faltar: el alcohol. La cerveza acaparará un envidiable 25 por ciento de este festín comercial, es decir, 2 mil 125 millones de pesos. A esto súmenle otro 10 por ciento (unos nada despreciables 850 millones de pesos) en bebidas alcohólicas preparadas. ¡Felicidades! Más de un tercio de nuestro presupuesto será exclusivo para anestesiar nuestras neuronas.
El otro 25 por ciento se destinará a engordar en taquerías, cocinas económicas, rosticerías, pollerías y pizzerías, mayormente cuando juegue nuestra "gloriosa" Selección Nacional. Claramente, necesitamos absorber nuestras inevitables y recurrentes decepciones mundialistas con una cantidad obscena de grasa. Y para coronar la estupidez del hincha promedio, tiraremos otros 850 millones de pesos (un 10 por ciento de participación) en souvenirs y chácharas inútiles que terminarán en el fondo del clóset o en la basura tres meses después.
Finalmente, para que vayan cancelando las vacaciones y rompiendo el cochinito, la ANPEC ya hizo el cálculo de lo que les costará hacer el ridículo en manada. Una modesta "reunioncita" para 10 personas que incluya botanas, refrescos, cerveza, agua y exquisiteces gourmet como alitas, pizzas, hot dogs o hamburguesas, exigirá un gasto aproximado de 3 mil pesos. ¡Una verdadera ganga! Qué importa no llegar a fin de mes, no pagar la renta o endeudarse con la tarjeta si puedes gritarle al televisor con la boca llena de carbohidratos refinados.
Así que ya lo saben, patriotas de la tienda de conveniencia. Vayan preparando la cartera y el hígado. El Mundial probablemente no nos dará la Copa, pero al menos nos garantizará cirrosis, un repunte en la obesidad y la falsa tranquilidad de que la economía local sobrevivió gracias a nuestra intachable y absoluta falta de autocontrol financiero.
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