En un despliegue de dominio absoluto (si por absoluto entendemos sufrir hasta el último suspiro del encuentro), la Selección Mexicana ha logrado la épica hazaña de vencer a Corea del Sur por la apabullante cantidad de un gol a cero en el Estadio Guadalajara. Y así, como dicta nuestra milenaria tradición, un triunfo pírrico en fase de grupos del Mundial 2026 ha sido suficiente para desatar la locura colectiva.
El gol de nuestras vidas (gracias al rival)
El arquitecto de esta proeza no fue otro que Luis Romo, quien al minuto 79 demostró su letal instinto goleador aprovechando un pequeño detalle: el portero surcoreano tuvo la cortesía de no despejar el balón y tropezarse con su propio compañero, dejándole la pelota viva en el área. ¡Un golazo digno de las mejores vitrinas!
Pero como la tranquilidad es un concepto que la Selección Mexicana desconoce, el verdadero héroe del partido terminó siendo el arquero Raúl "Tala" Rangel. Al minuto 86, Rangel nos salvó del infarto con una doble atajada sobre la línea. Con esto, México asegura el liderato del Grupo A y el ansiado pase a dieciseisavos de final, manteniendo viva nuestra ilusión tóxica de alcanzar el mítico y casi utópico "quinto partido".
Golpes, patriotismo y... ¿un pato?
Mientras los jugadores pedían la hora en Guadalajara, en la Ciudad de México el fervor patriótico desbordó todo límite racional. Minutos antes del partido, decenas de aficionados decidieron agarrarse a empujones y golpes con la policía en la calle de Madero. ¿El motivo? Querían entrar a la fuerza al FIFA Fan Fest del Zócalo para no perderse ni un minuto de este tenso espectáculo en pantalla gigante.
Pero no se preocupen, el país está en buenas manos (o alas), porque el verdadero símbolo de esta selección no es un jugador, sino Merlín, un pato pekinés de dos años que se pasea por el Centro Histórico vestido con la playera del Tri. El pato se ha vuelto tan viral que ya es el "amuleto" oficial de la afición y embajador no oficial de nuestras esperanzas mundialistas. Si un pato no resume el surrealismo de celebrar este 1-0, nada lo hará.
Los políticos se suben al tren
Por supuesto, semejante despliegue de gloria deportiva no podía pasar desapercibido para nuestros siempre oportunos políticos. La presidenta Claudia Sheinbaum se puso su playera personalizada con el número "1" y la leyenda "Presidenta" para ver el partido cómodamente desde Palacio Nacional. Tras el silbatazo final, no tardó en declarar en sus redes sociales que este triunfo "llena de orgullo a todo México".
La pasarela de oportunismo continuó con el gobernador de Nuevo León, Samuel García, quien corrió a tomarse la foto en el Estadio Akron junto al Canelo Álvarez y otros políticos, porque nada dice "apoyo incondicional" como una selfie en el palco. Hasta diputados como Ricardo Monreal presumieron que en San Lázaro ya estaban listos para ver el encuentro.
En fin, celebremos este 1-0 como si ya tuviéramos la Copa del Mundo en la bolsa. Total, las lágrimas y la frustración pueden esperar a la siguiente fase. ¡Viva México (y Merlín el pato)!
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