¡Felicidades, Aguascalientes! Oficialmente hemos logrado la hazaña que habría hecho palidecer de vergüenza a don José Ingenieros: de ser la envidia del país hemos pasado cómodamente a conformarnos con el polvoriento premio de consolación. Si en un lejano 2004 éramos parte de la realeza urbana, presumiendo una "Alta Competitividad" y codeándonos con la élite nacional, hoy el Índice de Competitividad Urbana 2026 del IMCO nos da una fuerte bofetada de realidad: hemos descendido a un muy tibio nivel de "Media Alta", ocupando el octavo lugar entre las ciudades de más de un millón de habitantes. Básicamente, somos ese estudiante estrella de la preparatoria que en la universidad descubrió que con sacar seis es suficiente para no reprobar.
Pero no se depriman, que para eso están nuestras vibrantes estadísticas económicas. El crecimiento real de nuestro Producto Interno Bruto (PIB) es de un arrollador 1.4%, lo que nos desploma hasta la posición 59 con un nivel de competitividad vergonzosamente "Baja". ¡Para qué queremos riqueza si nos sobra "echaleganismo"! Y hablando de echarle ganas, nuestro mercado laboral es el sueño de cualquier explotador: tenemos un nivel "Baja" porque nos fascina regalar nuestra existencia en jornadas laborales de más de 48 horas y mantener viva una bonita brecha de ingresos por género. Trabajar hasta la muerte y cobrar menos, toda una tradición local.
Eso sí, en nuestra ciudad el agua está limpísima. Ostentamos nuestra mejor calificación en el tratamiento de agua en operación con 3.4 litros por segundo por cada mil habitantes. Estar bien hidratados es fundamental para olvidar nuestra competitividad "Media Baja" en educación, donde nuestra población adulta apenas alcanza un grado de escolaridad promedio de 10.8 años. ¿Para qué estudiar más si de todos modos vamos a trabajar más de 48 horas a la semana?
Si de seguridad hablamos, podemos dormir con un ojo abierto y el otro también. Mantenemos un desempeño "Medio Alto" (es decir, ni muy muy, ni tan tan) en rubros tan pintorescos como la tasa de homicidios, el robo de vehículos, y las agresiones a periodistas. Un perfecto balance entre salir a la calle y encomendarse a todos los santos.
El único milagro que nos mantiene a flote en este naufragio estadístico es (redoble de tambores para la más cruel de las ironías posibles) nuestro Sistema Político y Gobierno, donde mágicamente nos coronamos en el segundo lugar. Logramos una competitividad "Alta" en la percepción de corrupción estatal. Al menos en algo seguimos siendo los reyes, demostrando que cuando Aguascalientes se propone caer, lo hace con contundencia vergonzosamente eficiente.
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