¡Bienvenidos a Aguascalientes! La tierra de la gente valiente, temeraria y aparentemente peleada con el instinto de supervivencia financiera. Aquí practicamos un deporte de alto riesgo que pocos dominan: vivir con la constante adrenalina de poder perder todo nuestro patrimonio en un abrir y cerrar de ojos, debido a una evidente falta de cultura de protección.
Para que dimensionen el nivel de audacia local, Refugio Náñez Rodríguez, presidente de la Asociación Mexicana de Agentes de Seguros y Fianzas (Amasfac) en el estado, nos arrojó una estadística que da más miedo que revisar la cuenta del banco a fin de mes: apenas el 30% de los vehículos está asegurado. El 70% restante confía plenamente en la fuerza de la oración para no chocar. Pero el verdadero orgullo hidrocálido reside en nuestros hogares, donde un abrumador 1% de las casas cuenta con seguro. ¡Felicidades al 99% restante que prefiere arriesgarse a vivir bajo un puente antes que darle unos pesos a una aseguradora! Y claro, los negocios siguen la misma heroica tendencia de operar sin respaldo financiero.
Ante esta brillante demostración de irresponsabilidad colectiva, Náñez no tuvo más remedio que ir a llorarle a la Canaco y a la Acocen para intentar diseñar estrategias que nos hagan entrar en razón. Como evidentemente no vamos a ir por voluntad propia a contratar un seguro, su plan maestro roza en la genialidad: cobrarnos a escondidas. La idea es pactar con el municipio para meterte una póliza "accesible" directamente domiciliada en tu recibo del agua o del impuesto predial. Así, gracias a este esquema masivo, pagarías tu protección como si fuera cualquier otro servicio público.
¿Y qué te vas a llevar por esta módica imposición disfrazada de favor municipal? Unos generosos 200 mil pesos en caso de siniestro. Ojo, no te emociones, esta cantidad no te va a alcanzar para reconstruir tu mansión si se reduce a cenizas, pero al menos te alcanzará para pagarle a alguien que recoja los escombros chamuscados de lo que solía ser tu vida. De igual forma, te servirá para realizar reparaciones básicas y comprarte ropa limpia después de que un incendio, una inundación o el ratero de la colonia te dejen literalmente en la calle.
Así que ya lo saben, sigan jugando a la ruleta rusa con sus bienes materiales frente a desastres y robos. Pero no se ofendan cuando el municipio decida tratarlos como niños chiquitos y les empuje un seguro obligatorio en el próximo recibo, todo sea para que al menos tengan con qué comprarse calzones nuevos cuando ocurra la tragedia.
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