La IA no debe dominar al ser humano: Papa León XIV.

Oh, la sagrada Inteligencia Artificial. Ese mágico cáliz tecnológico que, según nos prometieron los iluminados de Silicon Valley, nos iba...

Oh, la sagrada Inteligencia Artificial. Ese mágico cáliz tecnológico que, según nos prometieron los iluminados de Silicon Valley, nos iba a liberar del tedio terrenal para elevarnos a un estado de pura luz, conocimiento y tiempo libre. ¿El resultado? Nos hemos convertido en los siervos de un puñado de multimillonarios que juegan a ser Dios. 

Afortunadamente, en este mundo anestesiado por pantallas, alguien tiene el cerebro encendido: Su Santidad el papa León XIV. Este pontífice —que casualmente es matemático y parece entender de algoritmos mejor que muchos "gurús"— nos acaba de regalar 110 páginas de puro y brillante sentido común en su encíclica Magnifica Humanitas. Y vaya que nos hace falta, porque estamos caminando hacia el abismo con una sonrisa y el móvil en la mano.

Resulta que, en nuestra infinita sabiduría, hemos decidido entregarle el destino de la civilización a unas cuantas corporaciones privadas. El Papa, con una lucidez y valentía que ya quisieran los mesías de camiseta gris, nos advierte cómo un puñado de empresas hoy controla las reglas de nuestra visibilidad, nuestras relaciones y hasta si comemos o no mañana. Hemos creado un poder tan gigantesco y opaco que la tiranía medieval parece un juego de niños. Pero no nos preocupemos, que estos amos del universo prometen darnos una "IA moral". ¡Qué alivio! Una ética de boutique, predigerida y determinada por los mismos cinco tipos que se forran con nuestros datos. Tan descarado es el asunto, que hasta tuvieron la cara de enviar a la presentación del documento papal en el Vaticano a uno de los capos de Anthropic, justo cuando su industria coquetea sin pudor con venderle juguetitos militares a los gobiernos.

Y el panorama laboral es para morirse de risa (o de llanto). La revolución digital nos iba a emancipar, pero como advierte sabiamente León XIV, lo único que estamos logrando es desespecializar a los trabajadores, sometiéndolos a la vigilancia de un capataz automatizado y relegándolos a ser monos de repetición. ¡Felicidades, humanidad! Hemos logrado inventar el colonialismo 2.0 y una resplandeciente forma de esclavitud digital. El Papa tuvo la inmensa decencia y humildad histórica de pedir perdón por los errores del pasado de la Iglesia respecto a la esclavitud. A ver si nos sentamos a esperar el "mea culpa" de las plataformas digitales por encadenarnos a su economía de miseria. Esto no pasará.

Por si fuera poco, hemos decidido que la verdad es demasiado aburrida. ¿Para qué atenernos a los hechos cuando la IA nos permite manipular videos, engañar a la sociedad y hundirnos, lenta pero seguramente, en el totalitarismo que tan atinadamente denuncia el pontífice?. Y mejor aún, ¿para qué proteger a los niños cuando podemos dejarles a merced de chantajes y explotación potenciada por perfiles falsos?.

Pero el toque maestro, la joya de la corona de nuestra estupidez evolutiva, es nuestra prisa por delegar el acto de matarnos en la guerra a algoritmos fríos y ciegos. El Papa nos tiene que salir a decir, como si fuéramos niños jugando con granadas, que por favor no permitamos que las máquinas tomen decisiones letales e irreversibles. En serio, ¿hasta ese punto de negligencia hemos llegado?

Así que, un aplauso lento para nosotros. Hemos construido nuestra propia jaula, hemos tirado la llave y la hemos llamado "progreso neutral", aunque de neutro no tenga nada. Demos gracias de que León XIV haya alzado la voz para exigir que seamos nosotros, y no un bloque de código financiado por codiciosos, quienes llevemos las riendas de nuestro futuro.

Texto completo Magnifica Humanitas en PDF 

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