Qué tierna es la inocencia de quienes de verdad creyeron que Aguascalientes iba a ponerse la capa de superhéroe para salvar a los productores de frijol de Zacatecas.
Hagamos memoria de esta trágica comedia agrícola: el pasado 29 de marzo, los productores juraban que ya tenían el año resuelto tras firmar un acuerdo para el acopio de mil 500 toneladas a un jugoso precio de garantía de 27 pesos por kilo. Pero luego llegó la presidenta Claudia Sheinbaum con su gran "oferta" de ampliar la compra a 10 mil toneladas, eso sí, con el pequeñísimo detalle de pagarles a 16 miserables pesitos a partir del primero de mayo. Obviamente, los campesinos no saltaron de alegría; armaron manifestaciones y protestas, recibiendo a cambio su respectiva y tradicional dosis de represión para que no se quejaran.
Y justo cuando el panorama se veía más negro que el frijol mismo, apareció un espejismo. El productor Rubén Hernández se encargó de esparcir la ilusión, asegurando en algunas notas periodísticas que el gobierno de Aguascalientes ya les había prometido comprarles el grano "a la brevedad" por 20 pesos el kilo. ¡Un milagro hidrocálido! Ya muchos daban por hecho que el estado vecino iba a desembolsar el dinero para llevarse sus mil 500 toneladas a ese precio. Qué bonito es soñar.
Lástima que la realidad es un chiste de muy mal gusto. Si usted fue de los que aplaudió la supuesta valentía financiera de Aguascalientes para defender a los productores reprimidos, le tenemos noticias: para el gobierno estatal, esta compra heroica ni siquiera es un hecho. En una hermosa bofetada de realidad, las autoridades aclararon que la supuesta salvación sigue bajo un profundo y misterioso "análisis".
Sí, leyeron bien. El gobierno estatal confesó que apenas "sigue revisando las distintas alternativas", que no se ha definido ninguna compra y que, por supuesto, tampoco hay un precio establecido. Dicen que "en estos días se sentarán las partes involucradas para checar detalles", que es la forma políticamente correcta de decir que no tienen ni idea de cómo o cuándo van a pagarles.
Así que, ilusos creyentes del rescate hidrocálido, pueden seguir esperando sentados a que termine el "análisis". Mientras tanto, a los productores no les queda de otra que disfrutar de su represión y de los 16 pesitos que les dejaron en la mesa. ¡Qué gran defensa!
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