En las siempre pacíficas y para nada caóticas madrugadas de la Feria de San Marcos, donde el verdadero crimen brilla por su ausencia, la policía local logró la captura del siglo alrededor de las 3:00 horas de este domingo. ¿La temible amenaza para la seguridad nacional? La magistrada del Tribunal de Disciplina Judicial, Martha Dávila Pérez, y su esposo, el abogado Alejandro Jorge García. Al parecer, el gravísimo delito consistió en sostener una apasionada "tertulia" en un puesto de tacos en la calle Laureles.
Como vivimos en un estricto Estado de derecho, es nuestro deber cívico defender a capa y espada la presunción de inocencia de su Señoría. Aunque los siempre "confiables" testigos chismearon que la pareja se encontraba bajo los influjos del alcohol, es evidente que la magistrada simplemente sufría de un agudo mareo provocado por las luces de la feria o por el estrés de impartir justicia. Y cuando amablemente les informó a los comensales que "no sabían con quién se metían", seguramente no era un despliegue de prepotencia etílica, sino el inicio de una clase gratuita sobre derecho constitucional y jerarquías del poder judicial para culturizar a los presentes.
Pero claro, nuestros heroicos policías, que pasaban casualmente por ahí y seguramente no tenían ningún otro delito real que perseguir en toda la feria, decidieron intervenir para "calmar los ánimos". La versión oficial dice que la magistrada y el litigante procedieron a insultar y lanzar golpes a los uniformados. Sin embargo, habría que poner en seria duda las razones de los oficiales para proceder con el arresto. ¿No será que la policía confundió simples y efusivos ademanes jurídicos con "golpes"? ¿Desde cuándo está prohibido gesticular con pasión mientras se defiende la jurisprudencia del taco al pastor en la vía pública?
Ante esta incomprensión de las artes legales, los oficiales optaron por la medida más lógica y proporcional: esposar a la magistrada y a su marido, tratándolos como criminales de alta peligrosidad, para trasladarlos a la famosa instalación policiaca Base Volcán. El esposo, en un loable intento de proteger sus derechos humanos, supuestamente incurrió en "resistencia de particulares" antes de ser subido a patadas y trancazos a la patrulla. ¡Vaya atrevimiento el suyo de no querer ser secuestrado por el Estado en medio de la cena!
Afortunadamente, este brutal atentado contra la digestión terminó a las 9:00 horas, cuando un piadoso familiar tuvo que desembolsar el pago de una multa para liberarlos de tan injusta y arbitraria detención. Mientras el inevitable video de su arresto ya circula por las redes sociales para el deleite de las masas, las autoridades han decidido hacer lo que mejor saben hacer: guardar un absoluto e incómodo silencio sin emitir postura alguna.
Que esto sirva de lección: en Aguascalientes puedes estar tranquilo, a menos que se te ocurra debatir sobre leyes a las tres de la mañana.


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