En un movimiento digno de una comedia de enredos, la presidenta Claudia Sheinbaum nos ha iluminado a través de un video en la red social X con la gran noticia: ¡Tenemos nuevo director en Pemex!. Víctor Rodríguez ha decidido valientemente "separarse del cargo" para volver al seguro y apacible refugio de sus actividades académicas, un acuerdo que, casualmente, se da justo un día después de que S&P Global Ratings degradara la perspectiva de Pemex de estable a "negativa". ¡Qué impecable sentido de la oportunidad para abandonar el barco!
Pero no teman, que el relevo promete milagros: Juan Carlos Carpio Fragoso, quien fungía como el mismísimo director de Finanzas de Pemex. Sí, leyeron bien. ¿Quién mejor para rescatar a una empresa cuya "estructura de capital es insostenible", con escasa liquidez y un apalancamiento ridículamente alto, que el hombre que ya estaba a cargo de sus números?. Seguramente, con un cambio de silla, ahora sí le saldrán las cuentas.
Y claro, este majestuoso circo de sillas musicales en la directiva llega justo a tiempo para distraernos de la verdadera obra de arte de la ineficiencia estatal: el derrame de petróleo de hace unas semanas. Ese mismo desastre ecológico que las autoridades han intentado esconder debajo de la alfombra mediática. Mientras nuestras costas tragan crudo y la fauna marina nada en chapopote gracias a la incompetencia operativa y el burdo ocultamiento, en las oficinas de Pemex están muy ocupados aplaudiendo al nuevo director.
Pero hablemos del elefante financiero en la habitación. Pemex cerró 2025 debiendo la bicoca de 84.500 millones de dólares. Presumen una "reducción" del 13,4% de su deuda, pero omiten el pequeño detalle de que esto fue gracias a que la Secretaría de Hacienda les aventó un salvavidas de más de 22.647 millones de dólares. ¡Qué fácil es sanear las finanzas cuando usas la chequera de los impuestos ciudadanos para recomprar deuda! Para rematar el chiste, Sheinbaum anunció en noviembre de 2024 un "plan de austeridad" exprimiendo a las filiales para ahorrar apenas 2.500 millones de dólares. Un curita de austeridad para tapar una hemorragia de miles de millones.
La triste realidad es que la producción de crudo se arrastra en unos raquíticos 1,6 millones de barriles diarios, y el aporte de Pemex al presupuesto federal —que alguna vez fue del 40%— ya ni siquiera llega al 15%. Como cereza de este pastel tóxico, S&P también degradó la perspectiva crediticia de todo el país a negativa por el lento crecimiento y el aumento de la deuda pública.
Pero bueno, por lo menos el exdirector Rodríguez se va a "apoyar" al gobierno desde el Instituto de Electricidad y Energías Limpias. Salir huyendo de la empresa fósil más endeudada del país para ir a predicar sobre energías limpias, dejando a Carpio Fragoso a cargo del barril sin fondo.
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