La Fiscalía General de la República (FGR), esa joya inquebrantable de la Cuarta Transformación en su "guerra frontal" contra la corrupción, ha logrado otro hito histórico. Resulta que, tras años de exhaustivo y brillantísimo trabajo, sus fiscales simplemente no lograron acreditarle la responsabilidad penal por delincuencia organizada a Roberto Borge, exgobernador priista de Quintana Roo.
Gracias a esta admirable falta de capacidad de la fiscalía, el juez federal Gustavo Eduardo Alonso Ortiz no tuvo más remedio que absolver al exmandatario de dicho delito. De haber hecho bien su trabajo la FGR, el pobre Borge habría enfrentado una cruel condena de entre 20 y 40 años tras las rejas. Pero tranquilos, que en la 4T no son iguales y el perdón abunda: la resolución le permitirá abandonar las sombrías instalaciones del Centro Federal de Rehabilitación Psicosocial (Ceferepsi) en Morelos, donde sufría desde 2018.
¿Su nuevo y aterrador castigo? Irse a descansar a su casa. Así es, Borge continuará el único proceso que le queda (por presunto lavado de dinero) enfrentando la inaguantable tortura de la prisión domiciliaria. Para asegurar que pague por sus actos, la implacable autoridad judicial le ha impuesto la durísima medida de usar un brazalete electrónico y pagar una garantía económica.
Y es que, al parecer, para la justicia actual, el hecho de que Borge presuntamente se dedicara entre 2011 y 2016 a rematar terrenos del estado en Cancún, Cozumel y Playa del Carmen a sus amigos, familiares y prestanombres a precios de risa, dejando un "ligero" daño patrimonial de más de 900 millones de pesos para Quintana Roo, es un simple error administrativo y no delincuencia organizada.
Para coronar este monumento a la impunidad disfrazada de transformación, resulta que todas las demás acusaciones estatales que tenía por peculado y aprovechamiento ilícito del poder mágicamente ya no están vigentes. Nada mal para alguien que en 2017 fue interceptado en Panamá cuando intentaba huir en un vuelo a Francia.
En fin, celebremos este gran avance. Borge preparará sus maletas y, a más tardar el 29 de mayo, dejará el penal federal para irse a su domicilio. ¡La corrupción ya se acabó, y si no, que le pregunten al brazalete de Roberto Borge!
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