Pobre Joaquín. Aparentemente, la vida en la prisión de máxima seguridad ADX Florence en Colorado es tan insoportable que ha decidido convertirse en un prolífico escritor de quejas. En un arranque de inspiración literaria, el exlíder del Cártel de Sinaloa envió nada menos que cinco cartitas en inglés en las últimas dos semanas al juez Brian Cogan, suplicando desde la anulación de su juicio hasta su extradición de vuelta a México. ¡Qué tragedia!
Según sus melodramáticas misivas, su juicio "no fue justo por la política exterior" y afirma, con una admirable vocación de abogado de oficio, que su extradición a Nueva York fue completamente ilegal porque él en realidad debió ir a Texas o California. A simple vista, cualquiera derramaría una lágrima por las "injusticias" que sufre el capo en un complejo del que, por cierto, ninguna persona ha logrado escapar jamás. Pero, ¿realmente la está pasando tan mal o estamos ante una magistral puesta en escena?
Consideremos los hechos con un poco de malicia. El propio juez Cogan denegó todas y cada una de las peticiones, argumentando con brutal honestidad que algunos de estos documentos simplemente "carecen de sentido" y no tienen fundamento jurídico alguno. Entonces, ¿por qué un reo en aislamiento, sentenciado a cadena perpetua, de repente empieza a enviar exigencias sin pies ni cabeza en un idioma que ni es el suyo?.
Resulta sumamente conveniente que, justo cuando el sistema penitenciario y judicial necesita lustrar sus medallas de "implacables contra el crimen", el narcotraficante más famoso del mundo les regale una actuación digna del Oscar, quejándose de la manipulación de testigos y rogando por una nueva audiencia. Uno casi puede imaginar a un simpático agente de ADX Florence pasándole un papel y un bolígrafo a su celda, susurrándole: "Ándale, Joaquín, escríbenos unas líneas diciendo lo mucho que sufres y lo injusto que es el sistema, nos viene de pelos para apretarle las turcas a tu presidenta".
Al final, la resolución de Cogan fue el final predecible de este guion: un rotundo "no" a la liberación, a la extradición y a la entrega de documentos del jurado. Así, el gobierno de Estados Unidos se anota otra victoria discursiva y fortalece su narrativa de castigo supremo e inquebrantable, mientras nosotros nos quedamos con la sospecha de que las cartas de "El Chapo" no son más que un texto por encargo, diseñado a la perfección para mantener viva la leyenda de que, en las prisiones gringas, los monstruos sí lloran.
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