Si hay algo que a Estados Unidos le irrita más que perder el control global, es que le quieran cobrar por usar la autopista marítima. Resulta que Omán e Irán, en un tierno alarde de emprendedurismo geopolítico, han estado charlando para instalar una especie de garita de peaje en el estrecho de Ormuz. ¿La respuesta de Washington ante este intento de libre mercado? Un fraternal aviso de que los van a volar en mil pedazos.
El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, se puso el traje de mafioso de película para advertir que el Tío Sam aplicará "medidas agresivas" y sanciones a cualquier iluso que intente cobrarles un centavo por transitar en una vía donde casualmente circula una quinta parte del petróleo mundial. En un acto de comedia negra involuntaria, Bessent llamó por teléfono al embajador omaní para recordarle los "200 años de buenas relaciones" bilaterales, insinuando sutilmente que sería una verdadera lástima que sus ciudadanos e instituciones financieras fueran sancionados hasta la miseria por querer jugar al cajero automático con Irán. Nada grita "amistad duradera" como una extorsión económica en horario de oficina.
Pero la verdadera joya de esta corona diplomática vino del mismísimo Donald Trump. Con la lucidez geográfica y la delicadeza que lo caracterizan, el mandatario declaró desde la Casa Blanca que "Omán se comportará como todos los demás o tendremos que hacerlos volar por los aires". Hay un pequeñísimo y morboso detalle en todo esto: Omán no es un enemigo, sino uno de los principales aliados de Washington y su mediador estrella en los conflictos de Medio Oriente. La Casa Blanca, en un glorioso intento de encubrimiento, ni siquiera se dignó a aclarar si Trump simplemente había confundido el nombre de "Omán" con "Irán" en su rabieta senil. Total, ¿qué importa un aliado calcinado más en la interminable lista de daños colaterales de la diplomacia norteamericana?
Mientras el subdirector de seguridad iraní, Alí Baqeri, insiste en que ambos países deben administrar la vía, el gobierno estadounidense se envuelve en la bandera de la libertad de tránsito. Bessent incluso tuvo el descaro de asegurar que "los días de Teherán de aterrorizar la región y el mundo han terminado". Claro, porque amenazar en cadena nacional con bombardear a tu propio socio mediador por querer cobrar un peaje es el pináculo de la convivencia pacífica.
Al final, mientras Estados Unidos e Irán buscan un "entendimiento" a través de Pakistán para frenar la guerra, la verdadera lección de esta tragicomedia queda clara para el resto del mundo: puedes intentar sobrevivir a un conflicto armado en Medio Oriente, pero jamás de los jamases intentes cobrarle la cuota de paso a Estados Unidos. Te saldrá bastante caro.
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