Si usted, ingenuo ciudadano, pensaba que las dificultades económicas de los negocios eran producto de la inflación, los bajos salarios o la recesión global, permítame corregirlo. El verdadero monstruo destructor de las finanzas en el primer cuadro de Aguascalientes es... el ambulantaje irregular.
Según la siempre observadora presidenta de la CANACO, Maricela de los Dolores Acosta Herrera, los negocios establecidos están sufriendo unas terribles bajas en sus ventas porque el "desorden" de los vendedores ambulantes ha invadido el centro. Al parecer, tener que esquivar un puesto de chicharrones o a la señora de los calcetines impide que los consumidores caminen de manera "práctica y fácil", lo que milagrosamente les borra las ganas de entrar a comprar a las tiendas formales. ¡Qué tragedia tan evitable!
Lo más fascinante de este drama digno de telenovela es que, mientras los comerciantes se rasgan las vestiduras asegurando que por culpa de los informales el dinero ya no les alcanza ni para pagar las rentas de sus locales, resulta que hay otro "pequeño" detalle en la ecuación. Anteriormente, los mismos comerciantes reportaron que los dueños de los inmuebles les han subido las rentas hasta un 30% en los últimos cinco años, cobrándoles la módica cantidad de entre 10 mil y 30 mil pesitos mensuales.
Pero ¡ojo!, no vayamos a culpar a los nobles arrendadores por asfixiar al comercio. La misma titular de la CANACO nos aclara con gran empatía que, aunque los aumentos deberían ir ligados a la inflación, la ley del libre mercado no permite "limitar el costo" si se trata de un espacio nuevo o si el dueño decide hacerle unas mejoras. Así que, si le pintan la pared al local, prepárese para pagar más y, por favor, échele la culpa al de los tamales de la esquina si no le cuadran las cuentas al final del mes.
Ante esta situación insostenible, la CANACO hace un llamado desesperado (y casi heroico) a la autoridad municipal: ¡Pongan orden ya mismo!. Necesitamos limpiar las calles de ese aterrador comercio informal para que los empresarios finalmente puedan cubrir sus gastos fijos y seguir pagando esas justas, racionales y nada infladas rentas de 30 mil pesos.
Mientras tanto, en el Congreso local apenas están analizando una iniciativa para obligar a que los incrementos en los contratos de arrendamiento (en materia de vivienda, pero que marca un precedente) se ajusten conforme a la inflación dictada por el Banco de México. Pero no nos distraigamos con regulaciones de precios o especulación inmobiliaria; sigamos enfocados en el verdadero enemigo: el carrito de hot dogs, porque detrás de él hay gente que vota por el partido que les vendió a precio de oro el espacio. ¡Que viva el orden y el comercio formal!
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